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El molino de piedra se resiste a desaparecer


El molino de piedra es una de las principales riquezas históricas que poseen los habitantes de la parroquia de Salasaca, en Tungurahua. Tiene cerca de 300 años y todavía lo conservan desde sus ancestros.

El molino de piedra es una de las principales riquezas históricas que poseen los habitantes de la parroquia de Salasaca, en Tungurahua. Tiene cerca de 300 años y todavía lo conservan desde sus ancestros.

Las tradiciones se resisten a desaparecer en este pueblo pese a la aparición de utensilios modernos en las viviendas. En las de los abuelos aún se observan antiguos elementos de la cocina ancestral, como grandes piedras que son las que sirven para moler la cebada, el maíz y el trigo.

Ramona Chango explica cómo se muele el grano en la piedra. “No es fácil, se requiere de dedicación y en especial fuerza para tomar entre las manos una piedra grande y gruesa y amasar con esta muy despacio hasta que el trigo quede listo para llevarlo a la cocina”.

Conocimiento

La familia de Ramona mantiene la costumbre de moler en piedra, la cebada que ellos mismos siembran y cultivan en sus parcelas, lo hacen en la mama piedra, que pesa unos 70 kg.

Para triturar los granos, desplaza la piedra de arriba hacia abajo y poco a poco cae el polvo en una batea que es elaborada en madera de capulí.

La mujer asegura que el trabajo es complicado y para esto debe permanecer de rodillas, todo depende de la cantidad de granos que va a moler.

Agregó que el proceso de moler la cebada y el trigo se mantiene con el pasar del tiempo y lo hacen cada semana.

Este molino fue heredado de sus padres y lo guarda como un verdadero tesoro. La mujer de 64 años de edad cuenta que la piedra tiene más de 150 años de existencia y que ha pasado de generación en generación, así como los conocimientos de todo el proceso de la molienda. “A todos en mi familia enseño esta tradición para que no se pierda con el paso de los años”.

Su casa está ubicada en Churumanga, a 10 minutos de la parroquia Salasaca.

En esta comunidad indígena moler la cebada en piedra y preparar el ‘chapo’ (mezcla) se mantiene. Este cereal nutritivo reemplaza al pan y se prepara en el desayuno con agua de hierbas aromáticas, se endulza con panela.

También lo consumen en el almuerzo con la sopa de sambo o con el arroz de cebada. “No es como ahora que se come arroz, esto da fuerza, vitaminas y fibra a nuestro cuerpo y así tenemos fuerzas para trabajar en el campo, por eso somos como el roble”, dice entre sonrisas.

Proceso

José Masaquiza, quien también mantiene esta tradición, señala que tuesta el grano que cosecha hace días anteriores y lo guarda en un costal de yute o cabuya.

El procedimiento lo realiza en un tiesto, a fuego lento, en el fogón que funciona con leña. Con la mama cuchara de madera mece para evitar que se queme, tarda 15 minutos y está lista la machica para servirse.

“No hemos cambiado nada este proceso de tostar y moler la cebada. Es una técnica que utilizamos cada semana”, indica Masaquiza.

La preparación de este plato se hace en familia, las mujeres siembran el grano en noviembre y lo cosechan en junio.

En la comuna también consumen la máchica con guineo aplastado, capulí, grano de cebada o con colada de cebada.

Al producto, una vez listo, lo guardan en sus viviendas para preparar los alimentos a servirse.