OPINION

El escandaloso silencio del Consejo de Derechos Humanos de la ONU sobre Venezuela


La inexperiencia e ineptitud diplomáticas del gobierno de Trump fueron también evidentes en la reunión especial de cancilleres de la Organización de Estados Americanos sobre Venezuela en junio. La ausencia del secretario de Estado de Estados Unidos Rex Tillerson en esa reunión ayudó a que un puñado de pequeñas islas del Caribe pudieran derrotar una condena al régimen de Maduro respaldada por 20 democracias de la región.

La inexperiencia e ineptitud diplomáticas del gobierno de Trump fueron también evidentes en la reunión especial de cancilleres de la Organización de Estados Americanos sobre Venezuela en junio. La ausencia del secretario de Estado de Estados Unidos Rex Tillerson en esa reunión ayudó a que un puñado de pequeñas islas del Caribe pudieran derrotar una condena al régimen de Maduro respaldada por 20 democracias de la región.

El gobierno de Trump dice que está considerando retirarse del Consejo a menos de que este sea reformado. Bajo las reglas actuales, en lugar de ser elegidos en una votación general, los miembros del Consejo son nombrados por sus bloques regionales. Eso permite que los países que desean desesperadamente estar en el Consejo –como Cuba y Venezuela– le hagan favores a sus vecinos a cambio de que los nombren para el Consejo.

Pero casi todas las organizaciones independientes de derechos humanos coinciden en que sería una mala idea que Estados Unidos se retire del Consejo. Cuando le pregunté si Estados Unidos debería renunciar al Consejo, Neuer me dijo: “Eso es un dilema, pero cuando George W. Bush decidió retirarse, el Consejo no mejoró. Al contrario, empeoró. Lo que Estados Unidos debería hacer es nombrar a un campeón de los derechos humanos como embajador en la ONU en Ginebra”.

Mi opinión: Estoy de acuerdo, aunque dudo que el gobierno de Trump pueda tener mucha credibilidad en temas de derechos humanos. Trump ha elogiado públicamente a los dictadores de Rusia, China, Arabia Saudita y Egipto, entre otros, rompiendo con la tradición bipartidista de los presidentes de Estados Unidos de criticar los abusos de los derechos humanos en todas partes.

Hay que presionar al Consejo de Derechos Humanos para que se pronuncie sobre Venezuela, pero la mejor manera de hacerlo es que todas las democracias del mundo lo denuncien como lo que es, una farsa monumental.