OPINION

¡Deshonestidad suma! (2ª. Parte)


Lenin Ordóñez

Si trasladásemos el porcentaje de alumnos “copiones” detectado en el EAES (1%) a nuestras aulas posiblemente el valor quedaría corto, pues la cantidad de estudiantes que incurren en plagio de tareas y en exámenes es mucho mayor, aunque no existan datos fidedignos, sino una apreciación.

El problema del plagio o la deshonestidad académica tiene factores causales y motivadores. Entre los primeros está la falta de este principio moral en el hogar, que se traslada a todos los miembros, casi sin exclusividad.

La deshonestidad se incentiva, consciente e inconscientemente, en las experiencias cotidianas, en unos hogares más que en otros. Viveza criolla, le llaman algunos, y hacen alarde de ella, sin medir las consecuencias…

Entre los segundos está la actitud de algunos docentes que se hacen de la vista gorda ante evidentes intenciones estudiantiles deshonestas y, además, no se imponen las sanciones prescritas de forma ágil y definitiva.

¿Cómo atacar este mal? Lo primero es elevar el nivel de responsabilidad de los estudiantes, desde casa, con un mayor compromiso por parte de los padres. Igualmente, que el claustro supervise efectivamente las actividades de evaluación y refuerzo, de manera constante.

La solución puede estar únicamente en la imposición de sanciones, pero pienso que debe ir acompañada de procesos motivadores, alentando la responsabilidad, puntualidad y honestidad en cada tarea y felicitando las acciones meritorias. También, mejorando el nivel formativo de los alumnos de manera creciente en cuanto a exigencia.

Finalmente, cabe invitar a las autoridades académicas de los centros educativos a analizar de manera cabal sus políticas de honestidad académica y a plantear correcciones necesarias a sus mecanismos de supervisión-sanción. Preferible es tener sanciones menores, que se puede corregir ipso facto, que otras mayores, como lo acontecido con bachilleres en el EAES.