OPINION

Pandemia


El Ecuador afronta la tercera ola del coronavirus. Tiene sus camas UCI repletas, al igual que las de hospitalización destinadas para pacientes con COVID-19, sin embargo, a esta realidad parecen estar ajenos, sobre todo, los más jóvenes, cuya irresponsabilidad deriva en que el virus lo lleven a sus hogares, pues son quienes, lamentablemente, vemos cada semana rompiendo la ley, vulnerando confinamientos y controles, para meterse en bares clandestinos, discotecas camufladas de oficinas, con personas que creen que por tener poder económico

El Ecuador afronta la tercera ola del coronavirus. Tiene sus camas UCI repletas, al igual que las de hospitalización destinadas para pacientes con COVID-19, sin embargo, a esta realidad parecen estar ajenos, sobre todo, los más jóvenes, cuya irresponsabilidad deriva en que el virus lo lleven a sus hogares, pues son quienes, lamentablemente, vemos cada semana rompiendo la ley, vulnerando confinamientos y controles, para meterse en bares clandestinos, discotecas camufladas de oficinas, con personas que creen que por tener poder económico pueden estar sobre lo que determina el estado de excepción vigente, pero sobre todo, por sobre la vida. Así como el microtraficante, por ganar dinero no le importa destruir la vida de generaciones enteras, de la misma forma, estos propietarios de esos establecimientos clandestinos están poniendo en riesgo la vida de familias enteras a cambio de dinero. Y los muchachos, a fin de cuenta son eso: jóvenes ávidos de entretenimiento, que no soportan estar en sus casas, que en algunos casos provienen de hogares disfuncionales. Quizá y terminan siendo víctimas de estas redes de corruptos vulneradores de la ley. Y para estos jóvenes hay hasta canciones elaboradas en época de pandemia, que los incitan a violentar la normativa vigente, para sentirse superiores, quizá.

Paralelamente, crece el promedio diario de decesos a causa del virus. Pero más allá de las cifras están los seres humanos, desde personajes anónimos hasta las figuras públicas, con una historia en común: el SARS-CoV-2, que, lamentablemente, los llevó a la tumba.

En ese contexto, el nuevo presidente electo, Guillermo Lasso, lamentó ayer que no haya vacunas adquiridas por el gobierno saliente. Debe extremar esfuerzos por cumplir, a cómo dé lugar, su promesa de campaña: 9 millones de vacunados en 100 días.

El nuevo gobierno debe cumplirlo, en tiempo récord, porque las circunstancias lo exigen. Y lo notamos porque parece difícil que las personas entiendan que quedarse en casa es lo único que nos ayudará a evitar más tragedias en el país. El Ecuador está de luto. Solo este año han muerto 4092 personas con diagnóstico confirmado de COVID-19. Los servidores y funcionarios públicos deben afianzar los controles a amanecederos, bares clandestinos y demás. Hoy más que nunca debe evitarse todo pretexto de reunión o aglomeración, como un acto de humanidad, porque el país lo necesita.