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¡Hasta siempre, Diego!


Tomás Álvarez Benítez

Él ha sido un artista de pantalones cortos y botines negros. Alguien que trascendió la raza humana por su infinita misericordia hacia la pelota. Un ser que protagonizó momentos indelebles en la memoria de todo futbolero en el mundo.

Su existencia fue tan grandiosa que logró enamorar a etnias, religiones, ideologías, géneros, disciplinas… a humanidades diversas. Diego fue eso, amor inconmensurable y repudio inaudito. Dueño de una jerga única para expresar sin filtros lo que sentía y le parecía sobre las situaciones sociales que le acontecían. Contradictorio cuando le nacía, o la bruma de la decadente fama lo hacía dudar de su figura como estandarte global del deporte rey.

Nunca nadie amó tanto al fútbol como él. Su esencia estaba en representar los valores in-trínsecos de este juego a niveles estratosféricos. Ese fue su mayor legado, aquel que paradójicamente en múltiples ocasiones lo llevaba a sufrir las miserias y destratos de quienes solo buscaban el abominable negocio inequitativo para los deportistas. Los mismos que lo desterraron del sistema, aquellos infames contra los que combatió de frente como lo hacía en la cancha. Pecho inflado y sin tapujos para defender a su gremio y a su gente. Ese era Diego Armando Maradona.

Un individuo que vivió cien vidas en una sola. Alguien que peligrosamente coqueteó con la muerte varias veces; y que logró con su tenacidad y el amor devoto hacia sus hijas, renacimientos inexplicables en momentos límites de su salud. 60 años de un personaje irrepetible e inentendible, uno que anteponía a los suyos por sobre su venerada imagen, de esos que nacen una vez cada milenio, un sujeto que enarboló la bandera de este fenómeno sociocultural llamado fútbol, por todas las regiones del planeta y más allá inclusive… porque Diego te invitaba a ilusamente creer que existían los milagros, los dioses, los infiernos, las resurrecciones.

Desde este lugarcito en el mundo, te digo Gracias Diego… gracias por haber cuidado y a-dorado a este deporte como ningún otro. Argentina, Nápoles y medio universo, hoy te llora. ¡Y cómo no hacerlo! Si hemos sido generacionales del más humano de los dioses.

Hasta siempre querido Diego…