OPINION

Buen Provecho…


Jorge Andrés Minuche

El desarrollo puede ser definido como un proceso permanente de cambios articulados y orientados al crecimiento económico de un territorio, tomando como eje rector la equidad. Uno de los principales problemas de la provincia de El Oro es que padecemos de un agudo y crónico atascamiento en la vía hacia el desarrollo. Este es un fenómeno que se presenta debido a múltiples causas entre las que tenemos las siguientes: 1. El agotamiento de las denominadas turbinas del sistema económico local ( sectores: bananero, camaronero, pecuario; entre otros). 2. Ausencia de visión integradora de desarrollo provincial. 3. Las acciones de los responsables del desarrollo son aisladas y descoordinadas, hecho que es causa de enorme despilfarro y dilapidación de recursos. 4. El accionar de autoridades se orienta en torno al clientelismo político y la conveniencia de “carreras políticas” de quienes son favorecidos por el encargo popular. Se debe considerar que el entorno macroeconómico del país es sumamente complejo, cada vez se deben guardar menos esperanzas y expectativas de lo que el Gobierno Central pueda o “quiera” hacer por el desarrollo local. Es desde el territorio que debemos generar las pautas y coordenadas del desarrollo, con iniciativas que surjan de los actores locales sin desconectarse de la planificación nacional; con verdaderas mesas de diálogo distante de los pecados burocráticos, que se constituyan en efectivas gestoras de alternativas para el desarrollo. En estos espacios deben encontrarse diferentes actores, como es el caso de Cámaras de la Producción, Universidades, banca privada, banca pública, Ministerios, organismos seccionales, entre otros. El tema se torna preocupante en el ámbito local, pues jamás ha sido tocado y tratado con la seriedad y la profundidad que el caso amerita; la mayoría de los favorecidos con la voluntad popular transitan secularmente, perdidos del rol que deben asumir frente a la tarea del desarrollo local. Para muestra queda el horror del nuevo centralismo hacia Loja, revés en el que las entonces autoridades jugaron el papel de autores, cómplices o encubridores.

Históricamente la gran mayoría de las autoridades locales se consagraron como apetentes comensales de una “comilona política” en la que muchos quieren acomodarse y muy pocos desacomodarse. Salvo que la sociedad dé un giro en sus decisiones, buen provecho.