OPINION

Historia clínica


Rosalía Arteaga Serrano

Se habla de una historia clínica, cuando se ingresa a un hospital, y ahí se va anotando, al menos eso he visto, por parte de médicos, enfermeras, auxiliares, lo que pasa con el paciente de turno. A veces hay noticias esperanzadoras y se ve la franca mejoría del paciente, en otras oportunidades, las noticias son poco alentadoras y van reflejándose tanto en los rostros de los familiares como en las anotaciones que se incluyen. Parecería que, a raíz del coronavirus, pero con antecedentes en lo que ya venía ocurriendo con el sistema educativo ecuatoriano, sobre todo en la famosa “década perdida”, la situación se agrava por momentos y los más afectados serán los niños y jóvenes ecuatorianos. En estos últimos días, he tenido la oportunidad de compartir con cuatro de mis nietos y sus respectivos padres, el día a día del proceso educativo, los chiquitos oscilan entre tres y diez años de edad, y están ya inmersos en la escolaridad. Cada mañana, uno, sino es que los dos: padre y madre, deben dedicarse a preparar a los niños para la jornada, alimentarles, ver que se bañen y luego que se sienten frente a sus respectivos aparados, celulares, ipads y laptops, ellos son privilegiados porque tienen los aparatos y la conectividad, que también en ocasiones falla, con los consiguientes problemas, que son superables. Sobre todo con los más pequeños, la dedicación de quienes les acompañan es prácticamente exclusiva, desde el momento en que se conectan hasta aquel en el que termina la sesión, y luego vienen las tareas. Mi preocupación, mi angustia, diríamos mejor, es respecto a que la mayor parte de hogares ecuatorianos no tienen conectividad, no tienen aparatos tecnológicos y sus papás y mamás, o familiares, no pueden dedicarse por entero a los más pequeños, ya que sus actividades laborales se lo impiden. Esta es la dura realidad que sin lugar a dudas está causando una dramática exclusión, que arrojará crecimiento en el número de analfabetos, así como carencias y vacíos. Es hora de que las autoridades educativas se sensibilicen y tomen la decisión de usar todos los mecanismos necesarios para superar estas situaciones y otras que no he descrito pero que están ahí, presentes.

La televisión educativa usando los canales públicos puede ser una solución, así como la educación radiofónica. ¿Por qué no se usan? ¿Lo harán cuando ya sea demasiado tarde y el daño de la exclusión esté hecho? Y ¿por qué no insertar a los estudiantes universitarios en calidad de tutores, para aliviar la carga horaria y oxigenar la tarea de los profesores?

Hay que ser creativos y buscar las soluciones ya, de lo contrario estamos condenando a generaciones a quedar fuera del sistema educativo.