OPINION

Tarea para los consejos provinciales


Rosalía Arteaga Serrano

La pandemia ha puesto de relieve una serie de situaciones que no imaginábamos, pero también evidencia algunos aspectos que ya estaban vigentes, a veces ocultos, o que no aparecían con los ribetes de dramatismo con los que emergen ahora.

En este sentido, queremos visibilizar hoy el trabajo que les toca hacer a las autoridades provinciales, que son elegidas por el pueblo y que tienen la obligación por ley, de estimular el emprendimiento, de potencializar al sector productivo de las provincias y preocuparse, por lo tanto, de la generación de empleo.

Nos preocupa el que todos hacen de todo, y que en esta emergencia, por ejemplo, son diversos los sectores de la sociedad, incluidas las autoridades que ya tienen sus tareas específicas, comprando insumos médicos y un largo etcétera, con el consiguiente desorden que esto suele generar, cuando no se conocen los procedimientos y frecuentemente se atropellan las disposiciones.

Si ya sabemos que es una obligación del estado el proveer de insumos médicos a los hospitales, y si además se ha sumado la iniciativa privada, de manera exitosa, a financiar y a proveer de estos recursos, es algo que no conviene el que se diluyan las responsabilidades, posibilitando el que se evadan las mismas en medio del desorden y del caos.

Pero volviendo al tema de los Consejos Provinciales, los GADS de las provincias, si ya existe la normativa y si se sabe que uno de los grandes problemas es la falta de empleo y de productividad, ¿por qué no se hacen los esfuerzos necesarios para que esto funcione?

Lo lógico sería que se reúnan los Prefectos, que se pongan manos a la obra a organizar los territorios, las juntas de vecinos, los municipios, para encontrar mecanismos válidos a fin de que el aparato productivo se dinamice, de la mejor forma posible en cada uno de los territorios sobre los que tienen jurisdicción.

Así, mientras unos atacan la enfermedad, otros pueden perfectamente tomar en cuenta el factor clave de la productividad y la generación de empleo, para evitar el que se genere hambre y carencias que van a desembocar en una pandemia peor que el coronavirus y en secuelas de violencia que harán más grave la situación para países como nuestro Ecuador.