CANTONAL

Duelo y dolor ante la pérdida de un ser querido durante la alarma sanitaria y confinamiento por coronavirus


HUAQUILLAS. La situación que está viviendo Huaquillas, en estos días de alarma sanitaria y confinamiento, está teniendo consecuencias dolorosas y difíciles al enterrar sus muertos y no tener una despedida familiar.

Huaquillas.- En Huaquillas, de forma general, se está viviendo una etapa de malestar emocional que se agrega al sufrimiento de quienes han perdido a un ser querido: temor a contraer el virus, a que se contagien otros familiares, la preocupación por seres queridos que se encuentran lejos, la situación económica, la incertidumbre. La situación de confinamiento conlleva a menudo síntomas de ansiedad y depresión fluctuantes.

La situación que atraviesa Huaquillas, en estos días de alarma sanitaria y confinamiento, está teniendo consecuencias dolorosas y difíciles de afrontar, particularmente para quienes han perdido a un ser querido, ya sea por la infección por coronavirus, o por otras causas.

ESTADO DE ALARMA

El actual estado de alarma, con confinamiento (y en muchos casos, aislamiento) forzoso, la elaboración del duelo es particularmente difícil. Las características de la situación de tensión o estrés, pueden afectar a la fortaleza y al equilibrio mental de niños, jóvenes y adultos.

Un adagio dice “El tiempo sana las heridas”, pero puede ser útil reconocer el dolor que se siente y tomar medidas para recuperarse y ayudarse a afrontar la muerte de un ser querido. Pero ese mismo tiempo, que se encarga, de a poco, cerrar esas heridas, en muchos casos vuelven a abrirse con la pérdida de otro ser querido.

OPINIÓN ESPECIALISTA

Para saber de mejor manera, sobre este tema que conlleva sentimientos y dolor, consultamos a Sandra Martínez, psicóloga clínica, quien menciona que doble es el dolor de las personas que pierden un familiar debido al COVID-19 u otra causa de enfermedad. A esto se suma una serie de característica que forzosamente tiene que aceptar el ciudadano pobre o rico, negro o blanco, cholo o indígena,

No poder despedirse del ser querido, ya sea por la precipitación del fallecimiento, o por la distancia física impuesta por los protocolos sanitarios de aislamiento. Restricciones en los ritos funerarios, limitando el número de asistentes, restricciones de un entierro como tal vez se hubiera deseado.

Quienes han perdido entre cuatro a cinco miembros de su familia, sienten un dolor profundo por la partida de padres, hermanos, hijos, además de no poder encontrarse con otros familiares y personas cercanas que también sufren por la pérdida o que podrían ser una fuente importante de cariño y consuelo, y no poder abrazarlos. Derivado de la anterior, se comparten emociones, tristeza o lloros a través de videollamadas por teléfono, lo que comporta una frialdad impuesta en la expresión de sentimientos.

CUIDARSE A SI MISMO

Sandra Martínez, psicóloga clínica, señala que a pesar del impacto que la pérdida de un ser querido, es crucial recordar la necesidad de cuidarse uno mismo. Es absolutamente normal sentirse sin energía ni ganas de nada, pero es muy importante recordar que hemos de cubrir unas necesidades propias de nutrición, de ejercicio físico y de descanso.

“En la mayoría de casos es inevitable necesitar ayuda y sentirse acompañado, y no hay que dudar en pedirlo. A veces esperamos que los demás nos ayuden espontáneamente pero, en ocasiones, los que nos rodean puede que se mantengan al margen por respeto, por no entrometerse, o por no saber cómo pueden ayudarnos. Pedir ayuda no es sinónimo de debilidad, se trata de un acto de valentía en el que se asumen las propias necesidades y limitaciones. Lanzarse a pedir ayuda facilita la comunicación con otras personas que nos quieren y que, probablemente, estarán encantados de poder ayudar”, dice la profesional.

HABLAR A NIÑOS Y JÓVENES

Martínez agrega que los niños y jóvenes también tienen que recibir información adecuada respecto a la pérdida de su familiar. Es una conversación que puede resultar incómoda, por un instinto protector que nos lleva a evitarles vivencias dolorosas. Pero, no porque no se hable con ellos van a dejar de experimentar dolor ni pensar en ello y, su imaginación, suele desvirtuar mucho la realidad y puede conllevar temores y pensamientos irracionales que, si no se habla con ellos, no podrán compartir ni se les podrá aliviar. Las vivencias vitales, aunque sean tan dolorosas como la muerte, les ayudan en su comprensión del mundo y de nuestra naturaleza. La muerte es algo que nos llega a todos, sin excepción, por lo que no hay que mantener a los niños al margen de ella.

Finalmente, la psicóloga clínica menciona que “la muerte es algo natural, incontrastable e inevitable. Hemos manifestado permanentemente la inequívoca tendencia a hacer a un lado la muerte, a eliminarla de la vida. Hemos intentado matarla con el silencio. En el fondo nadie cree en su propia muerte. En el inconsciente cada uno de nosotros está convencido de su inmortalidad. Y cuando muere alguien querido, próximo, sepultamos con él nuestras esperanzas, nuestras demandas, nuestros goces. No nos dejamos consolar y hasta donde podemos nos negamos a sustituir al que perdimos”.