OPINION

Editorial: Nadie salió ileso


¿Alguien quería salir sin sufrir ningún tipo de consecuencia en medio de la pandemia del coronavirus? Es realmente difícil pensarlo. Indudablemente las ciudades más grandes fueron quienes más sufrieron de la pandemia en tres ejes, como lo dijo el Gobierno: el social, el económico y el sanitario.

¿Alguien quería salir sin sufrir ningún tipo de consecuencia en medio de la pandemia del coronavirus? Es realmente difícil pensarlo. Indudablemente las ciudades más grandes fueron quienes más sufrieron de la pandemia en tres ejes, como lo dijo el Gobierno: el social, el económico y el sanitario.

Así también, los países más grandes fueron quienes sufrieron los estragos. Y en América Latina, donde las limitaciones de infraestructura, inestabilidad económica, líos políticos y deficiencias sanitarias son más evidentes, los estragos, obviamente, iban a sentirse de mayor forma.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advirtió en abril que 195 millones de empleos se iban a perder en América Latina en solo tres meses. Los servidores públicos no fueron la excepción. Sin embargo, persiste la sensación de que pudo haberse hecho algo más para evitar la ola de despidos en el país. Es verdad que resultaba urgente la reducción del aparato estatal, pero esa decisión no debía ser tomada como una consecuencia de la pandemia, sino mucho antes, cuando asumió el cargo el señor presidente.

También era real que existía un exceso de instituciones que no solo hacían más pesada la carga salarial al Estado, sino que, en términos prácticos, no contribuían en nada para lograr el real objetivo de tener tantas empresas públicas.

Estas empresas públicas eran ineficientes y más bien representaban una carga para el Estado. ¿A quién realmente le convenía mantenerlas en funcionamiento?

Y ni qué decir de los medios públicos, con planillas extensas de comunicadores, gerentes y demás servidores, con sueldos impagables por cualquier otro medio de comunicación. Después vinieron los problemas. Recordemos que quebró Cablevisión, también recordemos la serie de manifestaciones públicas de los empleados de Gamavisión, TC Televisión, medios incautados, que debieron ser vendidos hace una década y que, sin embargo, han servido de bastión mediático de Alianza PAIS.

Hoy, los desafíos son otros. Empresas quebradas en el sector privado y liberación masiva de servidores públicos para tratar de lograr una especie de salvataje y evitar la quiebra nacional. Sin embargo, persiste la duda. ¿Dónde están todos los que robaron (antes y ahora)?