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La vecina Chacha, amplió su negocio pese a la emergencia sanitaria y económica


¡Que le doy vecinita! Me dice la vecina Chacha cuando llegó a su vivienda. Es que ella desde que inició la emergencia

¡Que le doy vecinita! Me dice la vecina Chacha cuando llegó a su vivienda. Es que ella desde que inició la emergencia sanitaria amplió su negocio de la venta de horchatas a verduras y frutas desde el portal de su casa, ubicada en la perimetral sur, lotización Santa Martha, de Pasaje. Alegremente me dice “Aquí yo vendo de todo un poquito, usted pida y yo le consigo”. Ella es María del Rocío Chacha Sánchez, de 65 años, conocida cariñosamente como vecina Chacha. Antes vendía horchata, pero la competencia es fuerte y eso la motivó a abrir el abanico de oportunidades, aprovechó la falta de transporte que imposibilitaba que algunos de sus vecinos se abastecieran y amplió su negocio, al final de cuentas ella tiene experiencia.

Antes tenía un puesto en las calles 4 de Agosto y Municipalidad, en el antiguo mercado central de Pasaje, luego los comerciantes de ese sector fueron reubicados en la plaza San Antonio pero no tuvo buena suerte, terminó perdiendo dinero, se enfermó y regresó a Cuenca a tratar sus dolencias.

A los dos años retornó a Pasaje y se dedicó a vender horchata helada todas las tardes, jalando su carrito desde su domicilio ubicado en lotización Santa Martha hasta las inmediaciones de las canchas de Jimmy Lomas, ubicado en las calles: León Aguilar entre Ochoa León y Rafael Cárdenas, Cdla. Las Praderas. Los jugadores y personas que presenciaban los partidos de vóley eran sus clientes. Se enfermó debido al trajinar diario, el médico le recomendó reposo y siguió con su negocio desde el portal de su domicilio. Ella vive sola, enviudó hace algunos años, procreó tres hijos, todos formaron una familia: las dos hijas viven en Pasaje y el varón tiene muchos años residiendo en Estados Unidos y como dice la vecina Chacha, él se acuerda de ella y le envía “un cariñito” para su subsistencia. “Tenía pollitos, cuysitos y los vendí para poner otro negocito, ya que el médico me recomendó que no trabaje porque tengo la columna desviada, me caí cuando estaba recuperándome de la operación de mis ojos en Cuenca”, recuerda con tristeza la adulta mayor que se abre camino ante la adversidad y muestra siempre la mejor versión de un ser humano: humildad y gratitud.

Entre carcajadas y como anécdota menciona que empezó vendiendo horchata y guineo, que los pájaros se los comían. “Mi padre santo me bendice en todo momento y ahora vendo de todo un poquito”. Comenta que las verduras le dejan los mayoristas de Cuenca en su negocio. Antes se abastecía en el mercado mayoristas de Machala. “Ahora mis amigas me dejan los productos en casa”, recalcó. Todos los días abre su negocio desde las 08:00, por el toque de queda tiene que recoger todo antes de las dos de la tarde. “Tengo que estar metida en casa tempranito, como gallina”, señala la vecina Chacha entre sonrisas. Recuerda que cuando recién inició la restricción de movilización, los agentes de control municipal de Pasaje pasaron por su local y la ayudaron a ingresar todos los productos a su domicilio. “Estaba tomando coladita de zapallo y aparecieron los municipales y me dijeron abuelita alce todo esto, doy gracias a Dios porque ellos me ayudaron a ingresar todos los productos a la casa”, resaltó.