CANTONAL

Unidos en el trabajo y en el amor a pesar de ser de diferentes países


HUAQUILLAS. José Solórzano, ecuatoriano y Aurora Ramos, de nacionalidad peruana, llevan seis años lustrando zapatos en el parque “El Algarrobo”.

El amor no tiene edad, no tiene fronteras y aún más, no discrimina, este claro ejemplo de un verdadero amor, lo tienen Aurora Isabel Ramos Zaval (33) de nacionalidad peruana y nuestro compatriota José Solórzano Sánchez (55), hijo de Cléver Solórzano y doña Emma Sánchez.

Ambos aún siguen frecuentando el lugar donde se dieron el sí. Aquel lugar que los fronterizos llaman, el parque “El Algarrobo”. Hoy, no hay besos ni abrazos, lo que hay es mucho trabajo, pues esta pareja binacional se gana la vida lustrando zapatos.

Aurora Isabel, no habla ni escucha y a pesar de esa discapacidad, nuestro compatriota José Solórzano, supo conquistarla y ahora ambos tienen un hijo de 4 años llamado Jhonatan David.

“Nuestro amor nació aquí en el parque (El Algarrobo), ella lustraba zapatos y yo también. Le hice unas señas y enseguida quedó flechada”, cuenta Solórzano.

Para aquella fecha, él había enviudado de la mujer que le dio 4 hijos. Uno falleció y las 3 mujeres viven. De su actual pareja Aurora Ramos, don José Solórzano dice que ella, nació en el distrito peruano de Ayabaca – Piura, después que vivió en Loja y luego decidió venir a Huaquillas, trayendo consigo a su hijo Juan Héctor quien tiene 12 años, desconociendo quien es el padre del adolescente.

“Aquí en el parque llevamos más de seis años. Los dos lustramos zapatos y las ganancias las repartimos al final de la jornada. Llegamos a las 06:30 y nos vamos cuando ya va cayendo la noche. Pero eso sí, ella hace una pausa al trabajo al mediodía, porque se va a la casa a cocinar”, expresa José Solórzano.

Aurora Ramos, tiene buen gusto para las comidas y eso fue parte de la conquista a nuestro compatriota y como en toda pareja, siempre hay altos y bajos, José Solórzano, asegura que su pareja peruana también tiene su genio.

“A veces me olvido y le hablo duro y como ella no escucha ni habla, al ver mis gestos, se pone brava porque quiere que le hable con señas, seguro le amarga que mueva los labios y no las manos para el diálogo”, puntualiza José.

Sin duda es una singular pareja que, en la pobreza, en la humildad y en la necesidad, se saben amar. Si usted quiere conocerlos de cerca, los ubica en el Parque “El Algarrobo”. Ella peruana y él ecuatoriano que el destino los juntó, Dios quiera hasta que la muerte los separe.