OPINION

Editorial: Uso progresivo de la fuerza


Si hay un tema que de un tiempo acá ha causado extensos análisis de diversa índole es sobre el uso progresivo de la fuerza por parte de los elementos de la fuerza pública.

Si hay un tema que de un tiempo acá ha causado extensos análisis de diversa índole es sobre el uso progresivo de la fuerza por parte de los elementos de la fuerza pública.

En el país, los ciudadanos están ya cansados de la forma cómo cada vez son más avezados los delincuentes. Indignación provoca ver a uniformados que evitan detonar sus armas al observar el flagrante cometimiento de un delito. ¿La razón? El temor a ser sancionados en caso de que un disparo ocasione la muerte de algún ser humano.

Con relación a esto último, es precisamente lo que pregonan los defensores de los derechos humanos en este país: nadie merece la muerte, por más delitos que cometa, pues para ello está la justicia, con todos los procedimientos que su aplicación implica.

Uno de esos derechos es el de la legítima defensa, así como la presunción de inocencia, pues no es el Policía que observa el cometimiento de un delito el que determina si el delincuente es culpable o no, sino un juez, quien desde su oficina analiza las pruebas que le presenten el uniformado y la Fiscalía.

Pues así de ilógico es nuestro sistema de justicia, y eso es lo que tiene indignados a nuestros ciudadanos. Por eso, en la calle, solo los abogados, que no buscan la justicia, sino aplicar lo que dicen las leyes, están en contra de esta corriente que busca encaminar a nuestra policía a defender a los inocentes y castigar con la severidad que sea necesaria a los culpables.

Lo cierto es que para que no vaya preso un policía que mate a un delincuente que esté cometiendo un delito flagrante es necesario reformar una serie de leyes e incluso la propia Constitución. Hacerlo implicará enfrentarse a quienes defienden a ultranza los derechos humanos, pues para ellos es más importante la vida de un delincuente que la seguridad ciudadana.