OPINION

No nos engañemos


La magnitud del denominado paro en contra de las medidas económicas asumidas por el gobierno, no es un evento al acaso, parecería que hay toda una planificación y movimientos orquestados para desestabilizar el país, que van mucho más allá de un levantamiento indígena.

La magnitud del denominado paro en contra de las medidas económicas asumidas por el gobierno, no es un evento al acaso, parecería que hay toda una planificación y movimientos orquestados para desestabilizar el país, que van mucho más allá de un levantamiento indígena.

La prueba está en que no son solo las provincias de la sierra ecuatoriana las que están sufriendo situaciones de paro y de sitio, de vallas en las carreteras, de quema de llantas, sino que paralelamente hay ataques a los pozos petroleros en la Amazonía y convoyes que atacan a las ciudades de la costa ecuatoriana.

La situación de convulsión se ha extendido a todo el país, se habla de desabastecimiento pero sobre todo de brotes de violencia a los que el tradicionalmente pacífico territorio ecuatoriano no ha estado acostumbrado.

El ataque a las florícolas y fincas productoras de hortalizas, el ataque a una empresa de lácteos, la destrucción de vehículos, entre ellos de ambulancias, la toma de cuarteles y hasta el ataque nocturno al edificio de la Contraloría para aparentemente destruir evidencias, van mucho más allá.

Parecería que el movimiento indígena ha sido infiltrado, que las calles del país han sido escenario de un vandalismo sin razones, por ello los dedos apuntan hacia los partidarios del anterior presidente de la república y a grupos foráneos interesados en tomar el país.

La cantidad de camiones y transportes utilizados para llevar a grandes cantidades de gente a las ciudades, cuesta dinero, ¿quiénes están financiando estas movilizaciones?

Desde esta columna hacemos un llamamiento a la reflexión y a la paz, al diálogo y al mismo tiempo al repudio a quienes instigan la violencia en el Ecuador.