CIUDAD

9 de Octubre de 1820 Independencia de Guayaquil


Para hacer una reseña sucinta y gráfica de lo que fue la revolución del 9 de Octubre y apresar en nuestra mente la cadena de hechos que permitieron que Guayaquil amanezca libre la mañana de aquel lunes, es necesario aclarar los detalles siguientes:

Para hacer una reseña sucinta y gráfica de lo que fue la revolución del 9 de Octubre y apresar en nuestra mente la cadena de hechos que permitieron que Guayaquil amanezca libre la mañana de aquel lunes, es necesario aclarar los detalles siguientes:

El domingo 8 de octubre, todos los complotados se reunieron a las 4 de la tarde.

Luego de hora y media se oye un toque de clarín que corresponde a la llamada de los oficiales de los “Granaderos de Reserva”. Escobedo dispone que el Capitán Vargas acuda al llamado, y él regresa con el respectivo informe.

Luego de unos momentos se enteran de que se ha realizado una junta de guerra en casa del Gobernador Vivero, se resuelve la toma de medidas en caso de que los rumores tuvieran algún fundamento, por lo que se hará formar al escuadrón en el malecón.

El ánimo desfallece, pues parece que los planes deberán cambiar sustancialmente.

Los oficiales se dirigen al “GRANADEROS”, y los tres del “NUMANCIA” se retiran para captar impresiones en la calle y volver.

Los temores se alejan al ver que el “Granaderos” se dirige al poco rato a su cuartel y Escobedo regresa donde Villamil a las 10 y 30 de la noche a hacerle saber que todo está listo y arreglado, que a las dos de la mañana se reunirán en su cuartel en el que se congregará una gran cantidad de adeptos a la causa.

Al despedirse Escobedo le asegura a Villamil que el triunfo será total, añadiendo que no se derramará ni una gota de sangre, pues no habrá con quien pelear.

Al día siguiente, la cantidad de efectivos militares apostados en la ciudad era de 1.500, distribuidos así: 600 Batallón “Granaderos de Reserva”; 500 Escuadrón de Caballería “Daule”; 200 Batallón de Milicias Urbanas; 200 Brigadas de Artillería y 350 en las 7 lanchas cañoneras

Mientras tanto, los oficiales que habían plegado a favor del movimiento eran: Gregorio Escobedo e Hilario Álvarez del “Granaderos”; Damián Nájera de la Brigada de Artillería; José Peña del “Batallón de Milicias Urbanas”; Sargentos Vargas y Pavón del Escuadrón de Caballería Daule con lo que se tenía asegurado el 70% de los efectivos de la plaza.

Las maniobras, en consecuencia, debían propender a tomar el Escuadrón de Caballería Daule y la bodega de armas y explosivos de la brigada de artillería, anulando a la vez la capacidad de reacción de las tropas que acompañaban tanto a Joaquín Magallar, comandante del Granaderos, como a Benito García del Barrio, primer jefe del Batallón “Granaderos de Reserva”.

Por los hombres de las lanchas torpederas capitaneadas por Joaquín Villalba no se preocuparían, pues estaban desde el día anterior fuera del puerto, ya habría oportunidad de resolver este problema si coronaba con éxito la revolución.

Y todo se dio tal como se había planificado:

La noche del 8 de octubre (madrugada del día 9), Febres Cordero y Nájera llevan con engaños al comandante Torres Valdivia a la casa del segundo con el pretexto de invitarlo a una partida de naipes. Una vez allí, se lo somete explicándole que fue la única forma de evitar que intervenga en contra el movimiento y que en vista de la estimación que le tenían, habían querido evitarle un peligroso enfrentamiento.

Febres Cordero se adueña de las llaves del parque, en poder de Torres Valdivia, dirigiéndose al Granaderos, de donde, con 50 hombres, irá hasta la Brigada de Artillería, y luego de sorprender y encerrar al oficial de guardia, se apodera del recinto. La tropa es formada, aclamando la causa revolucionaria.

Mientras esto sucede, Urdaneta con 25 hombres del Granaderos y nuevos jóvenes guayaquileños, más la complicidad de los sargentos Vargas y Pavón se toman el escuadrón de caballería Daule, no sin antes trenzarse en una balacera con Magallar y sus hombres, que al darse cuenta de lo que sucedía, intenta impedirlo, y muere en el encuentro.

Luego de esta acción, Urdaneta manda al Comandante Matías Tirapeguí, quien ha plegado a favor del movimiento, hacia la Batería de las Cruces, con la mitad del escuadrón de la Caballería, con el propósito de tomarla.

El último incendio se llevará acabo en la casa del coronel Benito García del Barrio, primer jefe del “granaderos de Reserva” quien es apresado por el teniente Hilario Álvarez mientras dormía.

Todo había transcurrido en algo más de 4 horas. Guayaquil veía el amanecer de un nuevo día, de una nueva aurora, o como el poeta dijo “de una aurora gloriosa que anuncia libertad”.