OPINION

Editorial: Evaluación a los jueces


Han pasado seis meses desde que el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social transitorio solicitó al Consejo de la Judicatura la evaluación de los jueces y conjueces de la Corte Nacional de Justicia y todavía no hay resultados.


Han pasado seis meses desde que el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social transitorio solicitó al Consejo de la Judicatura la evaluación de los jueces y conjueces de la Corte Nacional de Justicia y todavía no hay resultados.

Son 21 jueces y 15 conjueces los que integran este organismo que deben ser sometidos a este proceso contemplado en la ley.

Es problema es el mismo de siempre, solo que con diferentes protagonistas. Las partes involucradas y sometidas a evaluación cuestionan la legitimidad del proceso y la validez de la forma cómo se llevará a cabo.

No obstante, el real problema de fondo apunta de forma directa a la independencia en sus funciones. En medida que el Estado garantice la independencia de los integrantes de la Corte Nacional de Justicia se podrá ejercer de mejor forma y de manera eficaz estas funciones.

Porque es probable que en la evaluación, todos sepan de memoria la teoría y lo que deben responder, cómo deben ejecutar los procesos y, en caso de ser cuestionados en sus dictámenes, es incluso hasta lógico que lo sepan argumentar del por qué de sus fallos.

El inconveniente real tiene que ver con la honestidad de cada uno de ellos, que actúen no solo apegado a Derecho, sino a lo correctamente establecido y no en función de sus intereses o intereses de quienes abogaron por ellos para que estén allí. Esa práctica fue habitual durante el correísmo, era en la que no solo había un monopolio jurídico, en el que los jueces acataban direcciones que provenían desde Carondelet, sino también que las consecuencias eran terribles tanto para los involucrados como para el Estado en general.

Ojalá y esta evaluación marque un antes y un después, a fin de desterrar del Poder Judicial a aquellos jueces que no proceden bien, no por falta de capacidad, sino por exceso de intereses de por medio.