OPINION

EDITORIAL: Matrimonio igualitario


Es oficial: En Ecuador podrán contraer matrimonio dos personas del mismo sexo. Al menos, así lo resolvió la Corte Constitucional el pasado 12 de junio.

Al margen de las tediosas connotaciones legales de la medida, vale analizar y entender los escenarios que implican esta medida.


Es oficial: En Ecuador podrán contraer matrimonio dos personas del mismo sexo. Al menos, así lo resolvió la Corte Constitucional el pasado 12 de junio.

Al margen de las tediosas connotaciones legales de la medida, vale analizar y entender los escenarios que implican esta medida.

Dos hombres o dos mujeres podrán casarse entre sí. Eso no es algo nuevo. Ya ocurre en otros países de la región. En América, los países que permiten el matrimonio igualitario son Colombia, Brasil, Argentina, Canadá y Costa Rica. A esa lista se suma Ecuador.

Este acontecimiento hay que entenderlo de que es un primer paso para reconocer, quizá pronto, que un matrimonio igualitario adopte hijos; o que personas de la comunidad LGBTI hagan el servicio militar. Por lo pronto, el país, en su Constitución, prohibe la discriminación sexual, reconoce la actividad sexual entre personas del mismo sexo y admite la unión de hecho y el matrimonio entre las personas del mismo sexo.

Todo esto forma parte de un proceso que a muchos choca, a otros no tanto, pero lo cierto que es un cambio del que el país dificilmente volverá. Es un avance en materia de derechos humanos, aunque otros, quizá, consideren que es un retroceso en valores, porque a lo mejor y entienden como un antivalor la diversidad sexual.

Con lo recientemente aprobado, el anhelo, sobre todo, es la tolerancia. Esa tolerancia para evitar ataques homofóbicos, como el recientemente ocurrido en Inglaterra, donde una pareja lesbiana fue agredida en un metro.

Esas son las nuevas sexualidades, que los grupos religiosos –fundamentalmente– rechazan y cuestionan.

Se viene un amplio debate, se dirán mil cosas. Se expondrán miles de puntos de vista y hasta es probable que se protagonicen manifestaciones en contra. Pero, la suerte está echada.