OPINION

‘Nunca es tarde’


Alcides Espinoza Ramírez

Hoy, Día de la Madre para Ecuador y otros 80 países del mundo que lo establecieron, en reconocimiento al denodado esfuerzo por la solidaridad de Ann Jervis, activista por la paz, vuelve a ser complejo rendir homenaje y reverencia a la mujer que engendró nuestras vidas y las llenó de amor, ternura y comprensión. El incesante atractivo del consumismo y la facilidad de asumir comportamientos de imitación, novelería y superficialidad, suelen desembocar en compra de objetos, fiestas y flores; empero, acaso con ello no son efímeros los ecos de una celebración cuya finalidad no debe ser otra que la de impregnar en la consciencia de cada madre, la convicción de que su vocación sublime y sus irrefutables pruebas de múltiples virtudes, tienen la gratitud, el respeto y la reverencia del Estado, de la sociedad y de sus propios hijos?

Al respecto, Facundo Cabral, el mártir cantautor, nos entrega la pauta con sus palabras: “De mi madre aprendí que nunca es tarde, que siempre se puede empezar de nuevo. Ahora mismo le puedes decir basta a los hábitos que te destruyen. a las cosas que te encadenan, a la tarjeta de crédito, a los noticieros que te envenenan desde la mañana, a los que quieren dirigir tu vida por el camino perdido. Ahora mismo le puedes decir basta al miedo que heredaste, porque la vida es aquí y ahora mismo. Que nada te distraiga de ti mismo, debes estar atento porque todavía no gozaste la más grande alegría, ni sufriste el más grande dolor”.

Entonces, la madre que aún te protege y te regala infinitos afectos cotidianos, tendrá la dicha enorme de apreciar tus besos, abrazos y caricias, como el mejor regalo recibido; y, la mamá que ya no está en la Tierra, será destinataria de honra sublime a su memoria.

Mejores ciudadanos serían el tributo merecido a las madres, compensándoles la grandeza de sus desvelos y el formador impacto de su vocación.