OPINION

Estado de justicia


Milton Álava Ormaza

En los próximos días los ex presidentes de la república hablarán de “democracia”, un tema que, con el gobierno del presidente Lenin Moreno, ha vuelto a la actualidad, lo que tácitamente implica el reconocimiento a éste de la gestión que en tal sentido ha llevado a cabo. La famosa Constitución de Montecristi define en primer término al Ecuador como “un Estado constitucional de derechos y justicia”, a continuación como “social” y en tercer lugar “democrático”, junto a otras características. A los neoconstitucionalistas que aparecieron con el correismo, les impresionó el énfasis puesto en los derechos humanos y se desentendieron de los demás aspectos asimismo importantes.

¿Y no es o debe ser su carácter democrático la premisa fundamental para identificar o definir la naturaleza política, social, económica, cultural, etc. de un Estado? También, si se prefiere, “Estado de derecho”, que supone o refuerza la noción de “democrático”, liberal, laico, de justicia objetiva y de vigencia indiscriminada de los derechos humanos.

Por otra parte, no es lo mismo Estado democrático que régimen democrático, puesto que esta última denominación se refiere a la clase de gobierno que semejante Estado debe tener, cuestión ésta que la pasan por alto la Constitución del 2008 y otras Constituciones ecuatorianas. Pero tampoco bastaría que este régimen sea calificado de “presidencial” a secas, puesto que hay una gran variedad de regímenes presidenciales.Las experiencias de nuestro país en las últimas décadas son ilustrativas. Recuperó su condición de Estado democrático desde 1978, pero con un régimen presidencial mediatizado porque se lo subordinó al monopolio de los partidos políticos. Poca justicia y derechos condicionados a los intereses del gobierno fue lo que permitió el correismo. Pero esto no impidió que la nueva Constitución fuera considerada la más democrática que ha tenido el país.