OPINION

Editorial: Clase obrera


La clase obrera es la fuerza laboral de este país. Ayer protagonizaron una movilización masiva, como parte de las actividades para conmemorar el Día Internacional del Trabajo.

Lo destacado, sin lugar a dudas, fue el pedido generalizado de respeto a los espacios laborales existentes, el rechazo a la reducción de personal, sobre todo en las instituciones públicas y también su descontento con el acuerdo logrado entre el régimen y el Fondo Monetario Internacional.


La clase obrera es la fuerza laboral de este país. Ayer protagonizaron una movilización masiva, como parte de las actividades para conmemorar el Día Internacional del Trabajo.

Lo destacado, sin lugar a dudas, fue el pedido generalizado de respeto a los espacios laborales existentes, el rechazo a la reducción de personal, sobre todo en las instituciones públicas y también su descontento con el acuerdo logrado entre el régimen y el Fondo Monetario Internacional.

Pero como eje transversal a esta manifestación está la exigencia del sector obrero al gobierno para que aplique la derogatoria de las enmiendas constitucionales.

Dar marcha atrás a esas enmiendas es una decisión ratificada en abril de este año por la Corte Constitucional.

La semana pasada, la Corte Constitucional ratificó su derogatoria y dispone que se aplique desde agosto de 2018, es decir, con efecto retroactivo.

Según el sector obrero, de esta forma, las personas que fueron contratadas en el sector público a partir de esa fecha, deben tener contratos basados en la normativa que rige al Código del Trabajo y no lo que dispone necesariamente la Losep.

Esto, en consecuencia, traerá consigo para los obreros beneficios, sobre todo, de índole salarial.

Las marchas del Día del Trabajo surgen en medio de un contexto en el que el gobierno busca una reforma laboral, que entre otras ideas, pretende eliminar el de-sahucio cuando el trabajador renuncia de forma voluntaria; además de ampliar los periodos de prueba en los contratos continuos o discontinuos; y también, pretende aumentar la aportación al Seguro Social tanto por parte de empleadores como de empleados.

Veremos qué efectos tiene en el régimen la protesta obrera. Esperemos que la manifestación por justas aspiraciones de los trabajadores derive en un Código del Trabajo que logre satisfacer las necesidades de los obreros y las aspiraciones de los empleadores, a fin de contar con un equilibrio.

Pero quizás, y como ha sido habitual en este gobierno, pueda que se tome una decisión que deje insatisfechos a ambos sectores y luego le toque buscar mecanismos de rectificación inmediata.