OPINION

Editorial: Guaidó vs Maduro


El intento de restablecer el orden democrático en Venezuela tuvo un nuevo capítulo ayer que dejó como saldo preliminar 69 personas heridas.

La acción emprendida por Juan Guaidó contó de inmediato con una serie de manifestaciones de apoyo y respaldo por parte de la comunidad internacional, así como de la colonia de venezolanos desplegada por el mundo.


El intento de restablecer el orden democrático en Venezuela tuvo un nuevo capítulo ayer que dejó como saldo preliminar 69 personas heridas.

La acción emprendida por Juan Guaidó contó de inmediato con una serie de manifestaciones de apoyo y respaldo por parte de la comunidad internacional, así como de la colonia de venezolanos desplegada por el mundo.

Sin embargo, continúa en el ambiente la sensación de que sabe a poco, y es que lo que el mundo espera es que de una vez por todas salga del poder Nicolás Maduro.

No obstante, dadas las circunstancias, desplegar una irrupción en el palacio presidencial podría más bien convertir en víctima al victimario y no sería la primera vez que algo similar ocurra en el planeta.

Por eso, por ilógico que parezca, todavía se espera que Nicolás Maduro sea quien por cuenta propia decida ceder y convocar a elecciones libres y democráticas, algo que se prevé desde hace cinco años, que se pensó que iba a ocurrir en enero, cuando Guaidó se proclamó presidente popular, y que sin embargo, no ha sucedido.

Al ver ayer a una tanqueta de la guardia nacional bolivariana subirse al parterre, arrollar a los manifestantes sin importarle las consecuencias y avanzar a como dé lugar para reprimir las protestas, entendimos y visibilizamos que el régimen dictatorial de Maduro es capaz de hacer cualquier cosa con tal de mantenerse en el cargo.

Claro, antes ya lo hizo desde las instancias administrativas, con las vulneraciones de la Constitución, las leyes, las elecciones… Ahora lo hace con acciones específicas, arremetiendo contra su propio pueblo. Actitudes terroristas de esa naturaleza esperamos que tengan la suficiente condena internacional que permita adoptar una decisión firme. Y ojalá no salgan con absurdos como: “Pero si no murió nadie”. Cosas así no pueden permitirse.