OPINION

Editorial: IESS y democracia


¿En serio está en duda el mantener la edad de las personas que quieren acogerse su derecho a jubilarse? Lo que plantea el régimen es sencillamente inaudito.

No solo resulta lesivo para los derechos humanos pretender que una persona mayor de 60 años de edad siga obligatoriamente laborando bajo relación de dependencia


¿En serio está en duda el mantener la edad de las personas que quieren acogerse su derecho a jubilarse? Lo que plantea el régimen es sencillamente inaudito.

No solo resulta lesivo para los derechos humanos pretender que una persona mayor de 60 años de edad siga obligatoriamente laborando bajo relación de dependencia, sino también, es canallezco el no cobrar a quien corresponda el déficit que tiene el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social. La quiebra el IESS no es culpa de los afiliados, ni de la masa aportante, peor de los empleadores. La quiebra de esta institución es producto de una serie de manejos irresponsables de los políticos de turno en los cargos decisorios de la entidad y del país, quienes, a base de leguleyadas, lamentablemente, han saqueado las arcas de este organismo, de la forma más ruin.

El servicio que ofrece el IESS es deplorable, no obstante, es lo que hay para los afiliados, pensionistas y jubilados. Sin embargo, el tema de análisis hoy no es la calidad de atención, sino el tiempo que los empleados deben aportar para poder acceder a este beneficio.

Es la obligación moral del régimen ir tras quienes vieron en el Seguro Social su caja chica para financiar campañas electorales enteras. Pero como les gusta ir por las ramas, el gobierno cree que la culpa es de los ecuatorianos que no tienen hijos en la cantidad que tenían antes y por eso hay menos jóvenes y más personas envejecidas; o la culpa es de la esperanza de vida que existe en el país, o incluso, y lo más ridículo aún, que la culpa de la Ley que tiene una mínima cantidad de descuento del salario de los ecuatorianos.

En fin, si le cobraran a los que desfalcaron la plata de los afiliados, quizás nada de esto estaría sobre la mesa de análisis.

Es inminente, al menos, un aumento en la tasa de aportación al Seguro Social, y quién sabe si tengamos en las empresas a una serie de adultos mayores, que en lugar de estar descansando con sus familias, deban todavía preocuparse por cumplir la rigidez de un horario.