OPINION

Editorial: Depurar la justicia


Son siete los grandes líderes del correísmo que hoy están prófugos de la justicia, gracias a lo complaciente del sistema judicial ecuatoriano.

Son siete los grandes líderes del correísmo que hoy están prófugos de la justicia, gracias a lo complaciente del sistema judicial ecuatoriano. Se trata del propio Rafael Correa, refugiado en Bélgica; Pedro Delgado, primo del exmandatario, que huyó a Estados Unidos. Ese país forma parte del “imperio” que tanto odian los socialistas, sin embargo, la incoherencia de esta gente los hizo escapar hasta allá.

Carlos Ochoa, el más fiel siervo del correato, está por Bolivia, mientras que Pablo Romero, exsecretario de Inteligencia responsable del operativo para secuestrar a Fernando Balda, anda en España. Sofía Espín, que buscó por todos los medios modificar la versión de los agentes que participaron en la operación para secuestrar a Balda, tiene como paradero a Bolivia. Fernando Alvarado, responsable de la quiebra de Gamavisión, anda en Venezuela, asesorando a Nicolás Maduro. A ellos se suma Ricardo Patiño, recientemente fugado; y hay que añadir a Carlos Pólit, que también está por Estados Unidos disfrutando de las bondades del “imperio capitalista”. En la cárcel solo están dos: Jorge Glas y Carlos Pareja Yannuzzelli. ¿Y el resto? Es lamentable que en todos estos casos, la justicia les dé todas las facilidades para que puedan escapar. Es allí donde todos los ecuatorianos debemos reparar y reflexionar. En Perú, cerquita, los corruptos tienen sentencias firmes, sin importar que hayan sido expresidentes, incluso hay algunos que ya están cumpliendo sus condenas. Acá, dejamos que escape Abdalá Bucaram las veces que quiso y cuando regresó, siempre volvió a ser candidato, como si nada hubiese pasado.

Con Correa algo similar puede ocurrir. Quién sabe y cuando prescriban las investigaciones en su contra, venga como si nada hubiese ocurrido. El problema no son los corruptos, sino los responsables de investigarlos, fiscalizarlos y sobre todo, juzgarlos. Ahí es donde debemos apuntar los reflectores, porque o sino, persistirá la impunidad en nuestro país.