CIUDAD

Tres años después del terremoto del 16 de abril, las secuelas persisten


Transcurrieron tres años del terremoto de 7,8 grados que se registró el 16 de abril de 2016 y zonas de Manabí y Esmeraldas aún siguen destruidas porque nunca llegó la ayuda prometida.

Las huellas físicas se concentran especialmente en las denominadas zonas cero de Pedernales (epicentro del sismo), Jama, Bahía, Manta y Portoviejo. Estos cinco de los 22 cantones fueron los más golpeados por el evento natural.


Por Luis Becerra

Transcurrieron tres años del terremoto de 7,8 grados que se registró el 16 de abril de 2016 y zonas de Manabí y Esmeraldas aún siguen destruidas porque nunca llegó la ayuda prometida.

Las huellas físicas se concentran especialmente en las denominadas zonas cero de Pedernales (epicentro del sismo), Jama, Bahía, Manta y Portoviejo. Estos cinco de los 22 cantones fueron los más golpeados por el evento natural.

Recorrer las calles o las playas permite observar los tristes recuerdos que el sismo dejó. Hay estructuras derruidas, otras fueron demolidas totalmente y en su lugar hay cercos que cuidan el terreno. Algunos aseguran que no fueron atendidos como se debe.

TARQUI

En el Malecón de Tarqui, en Manta, hay escombros y las cañas sostienen las columnas de algunas edificaciones que siguen en reconstrucción.

“Me tocó empezar a reconstruirla con mis propios medios... Me cansé de esperar, aquí somos muchos los que hemos perdido la paciencia”, manifestó Jhon Vera, presidente de los damnificados, quien es parte de un grupo llamado Tarqui Vive.

Dice que el terremoto dejó muerte, dolor, tragedia, destrucción... y de eso se aprovecharon muchas personas.

Su vivienda se vio afectada luego de que le cayeran las paredes del hotel Las Gaviotas, en cuyas habitaciones se encontraban futbolistas de las divisiones inferiores de la Universidad Católica y que, afortunadamente, salieron ilesos.

En esa zona aún hay terrenos vacíos. Edificios muestran las huellas de la catástrofe. Donde estaba el Centro Comercial Felipe Navarrete. Allí, la noche del sismo, murieron al menos 95 personas. Hoy contenedores ocupan el espacio.

PEDERNALES

Fernando Moreira, habitante de este cantón del norte manabita, se queja porque la ayuda recibida por el Gobierno ha sido insuficiente. Si Pedernales está resurgiendo es por la garra y empuje de los lugareños.

El hospital aún se resiste y, de momento, cuentan con uno móvil. La tragedia trajo oportunidades y dejó lecciones. En este lugar, epicentro del sismo del 16 de abril, una de las ventanas que se abrió fue en la construcción.

El Cabildo dispuso que en la zona del malecón no se construyan inmuebles de más de dos pisos.

BAHÍA

Para Daniel Cedeño, ciudadano bahieño, considera más que necesaria la reactivación del Museo de Bahía de Caráquez.

Tres años después del terremoto, llega un anuncio que ha motivado a los habitantes de “la ciudad sin copia”.

El viceministro de Cultura y Patrimonio, Gabriel Cisneros, anunció la inversión de $ 350.000 para su repotenciación, a través de la Subsecretaría de Memoria Social.

PORTOVIEJO

Para el académico Carlos Intriago Macías, Manabí y su capital Portoviejo son escenarios acostumbrados a trabajar sin descanso.

Por ello, resalta que los comerciantes y emprendedores se levantaron de la ruina y salieron a buscar una nueva fuente de ingresos.

Continúan los trabajos de reconstrucción en la zona más afectada por el terremoto del 16 de abril.

“Vemos trabajo pero mucha lentitud y eso nos impacienta. Queremos regresar al lugar donde el dinamismo y las ventas eran mejores”, manifiesta Diego Macías, comerciante portovejense.

En el epicentro de la destrucción aún se observan viviendas con secuelas. Otras empezaron a repararse.

El comercio se fue de la zona cero y fue reubicado por el Cabildo en la calle Alhajuela.

AYUDA

Desde el Comité de la Reconstrucción, creado para atender la emergencia y reactivar estos sectores, se informa que se han atendido muchos requerimientos, que la inversión en Pedernales y Sucre suma 211,7 millones de dólares en diversos proyectos habitacionales, saneamiento ambiental, vialidad y reactivación económica, además se planifican más obras por $135 millones más.

Aún así las ciudades siguen presentado, en áreas, una imagen de desolación.