OPINION

Renace la escuela rural


Alfredo Saltos Guale

Nuestra actividad profesional nos ha mantenido en contacto con la agricultura, inicialmente como extensionista y luego como ejecutivo en algunos programas de desarrollo agrario, por esa circunstancia hemos comprendido la especial psicología campesina en niños, adolescentes y adultos, muy específica y diferente a la conducta citadina. La enseñanza rural debe ser concordante con esa realidad, obligando a acoplar los conocimientos que el ambiente ha dado con las ciencias básicas que se imparten en los niveles tradicionales de estudio. Sería un contrasentido que los programas de los liceos urbanos sean simplemente repetidos en el campo, sin los obligatorios ajustes que demanda la autenticidad agrícola y pastoril. En algunos sectores, los niños y adolescentes rurales se ven obligados a transitar largas distancias, en ocasiones en condiciones muy precarias, casi siempre a pie, soportando fuerte intensidad solar y hasta lluvias torrenciales, caminos desolados, víctimas del cansancio y de los peligros que implica agobiantes caminatas sin compañía de personas mayores, hasta llegar a los centros poblados donde funcionan las deslumbrantes unidades del milenio, muchas inoperativas por la corrupción, sufriendo una sensación inicial de desadaptación proclive a sufrir visibles traumas, causantes de burlas que pueden concluir en deserción, frustrando el futuro de muchos jóvenes del campo. Hemos visto con simpatía y aplaudido el programa gubernamental de reapertura de algunas escuelas rurales irracionalmente clausuradas, pero no volviendo al pasado de deficiente infraestructura, sin servicios básicos, ni mínima facilidad para el aprendizaje, ahora transmitido por educadores capacitados que observarán un tratamiento diferenciado que doblegue el típico individualismo campesino en beneficio de acciones conjuntas y asociativas. (Primera parte)