OPINION

EDITORIAL: CPCCS


El Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS) se ha constituido en una especie de monstruo de Frankenstein para la política actual.

Los plenos poderes con los cuales constitucionalmente goza no son del agrado de nadie.


El Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS) se ha constituido en una especie de monstruo de Frankenstein para la política actual.

Los plenos poderes con los cuales constitucionalmente goza no son del agrado de nadie.

Recordemos que de acuerdo con la Constitución de la República del Ecuador, este organismo, integrado por siete consejeros, tiene, entre otras atribuciones, las de designar al Fiscal General del Estado, Contralor, Procurador de la Nación, miembros del Consejo Nacional Electoral, integrantes del Consejo de la Judicatura, los superintendentes de Bancos, Compañías, Economía Popular y Solidaria, es decir, se trata un organismo que se encarga de designar a quienes controlan a los políticos, y también a los miembros de quienes evalúan la justicia, así como a quienes cuentan los votos de los elegidos a dignidad popular.

Los resultados ya los vimos en la década correísta: cero fiscalización, concursos amañados, exministros del correísmo administrando justicia, un CNE parcializado cuyos miembros fueron premiados post elecciones, otros, descaradamente se afiliaron a Alianza PAIS, cuando se suponía que se trataba de un organismo ciudadano independiente. Pero, ¿En serio recién se dan cuenta? A lo mejor y nunca debió existir, no porque sea malo que exista un ente ciudadano –esto, en teoría–, que se encargue de designar a todas las autoridades y controlar al poder público, en el denominado poder ciudadano, algo que se inventaron los regímenes del socialismo del siglo XXI; eso no es lo malo. Lo malo es que les resulta una moneda al aire y temen que el correísmo capte nuevamente ese espacio a partir de militancia camuflada como ciudadanos.

Lo ideal sería fortalecer este llamado quinto poder, pero para lograr su fortalecimiento es necesario mejorar las condiciones en las cuales se da la designación de los integrantes. Mientras eso ocurre, si es que ocurre, y por lo tedioso del experimento cuyos resultados son desconocidos, resulta conveniente para todos los sectores convocar a una consulta popular para que los ciudadanos decidan si desaparecer o no ese ente.