OPINION

Editorial: Desidia, olvido


Los puentes y caminos vecinales, sobre todo en la ruralidad de nuestra provincia, parecen estar en el olvido.

Esa percepción se enfatiza cuando son los propios comuneros quienes señalan las peripecias que deben pasar para poder llegar a sus destinos.


Los puentes y caminos vecinales, sobre todo en la ruralidad de nuestra provincia, parecen estar en el olvido.

Esa percepción se enfatiza cuando son los propios comuneros quienes señalan las peripecias que deben pasar para poder llegar a sus destinos.

Por ejemplo, en Buenavista, las comunidades son separadas por un río, que curiosamente lleva el mismo nombre de la parroquia.

Cuando crece su caudal el panorama se complica para los lugareños. A quienes más les preocupa es a los padres de familia que tienen a sus hijos en establecimientos educativos del otro lado del río.

Allí, entre el barrio 3 de Abril y El Pedregal existe un puente colgante. Está hecho de cables y madera.

Por ese lugar pasan niños, adultos mayores, mujeres, en fin. ¿No hay autoridades que velen por los intereses de sus habitantes?

Excusas sobran, abundan… La preferida de quienes no tienen la voluntad de hacerlo es: No es mi competencia.

Aunque también hay otras muletillas que sacan a flote en estos casos: No hay presupuesto. Debemos hacer los estudios. Presénteme el proyecto, etc., etc., etc.

¿Y para qué están ellos? ¿Acaso no se supone que están para atender las necesidades de la población?

Si nuestras autoridades, indistintamente de su nivel de gobierno, no se preocupan de su pueblo, ¿Entonces quién lo hará?

Pero el pueblo también es fundamental para exigir a sus gobernantes que atiendan sus necesidades.

En el caso específico de Buenavista, son vidas enteras las que están en peligro. Nuestro pueblo, lamentablemente, es siempre el último eslabón del erario nacional, o como dicen en el barrio: La última rueda del coche.

Para ellos no hay atención. Para ellos no hay recursos. Para ellos no hay obras. Para ellos no hay presupuesto.