NACIONAL

La pesca artesanal perdura en Los Ríos


LA MANÁ. Proceso. Dependiendo del tamaño de la red, la tejedora puede demorarse una semana más o menos en dejar lista la atarraya.


BABAHOYO.- La brisa que hay en la orilla del río de Quevedo acoge de junio a noviembre a un sinnúmero de pescadores.

Lanzan sus atarrayas a las cristalinas aguas, con la finalidad de atrapar la mayor cantidad de peces.

Aunque no siempre la pesca es buena, entre canoas, trasmallos, redes y hornos improvisados existen audaces pescadores que les dan cacería a sus presas durante días y noches.

Y es que las horas preferidas para salir son las que están cobijadas bajo la luz de la Luna, generándose algo así como un rito espiritual, una conexión entre el agua y los pescadores.

Esta actividad es para algunos un medio para sobrevivir y para otros una alternativa que genera fuentes de ingreso de forma artesanal.

Existe la creencia de que ‘a río revuelto’ es cuando se pesca mejor. Al menos así lo considera Cesar Morán, quien junto a otros compañeros esperan la llegada del invierno. De esta forma, Los Ríos aún se conserva esta costumbre.

TRADICIÓN

Aunque la pesca con atarraya es una tradición ancestral, son pocas las personas que las fabrican. Al menos en la zona norte de la provincia fluminense, los tejedores van desapareciendo de a poco. Quizás porque la nueva generación no ve nada atractivo en esta labor o porque los antiguos no transmitieron sus conocimientos a sus descendientes. Sea cual sea la razón, quedan muy pocos obreros.

Sin embargo, a 40 minutos de Los Ríos, allí, en medio de cerros y quebradas del cantón La Maná, en Cotopaxi, vive Celinda del Carmen Cedeño, una mujer de 52 años, quien mantiene viva la tradición familiar de tejer trasmallos.

Con las huellas del tiempo en sus manos y sus dedos llenos de callosidades doña Celinda sigue con la costumbre de tejer las redes de pescar a punta de una aguja de palo y una tablilla como guía.

Meticulosamente sabe cuál es la medida que debe tener de ancho cada cuadro de la red. “No deben ser ni muy grandes ni muy pequeños”, detalla mientras teje calculando espacios de entre 5 y 6 centímetros.

Los conocimientos los obtuvo en Manabí, donde creció junto a sus padres, pero por cuestiones del destino, inmigró hasta el cantón La Maná, sitio en el cual se asentó y procreó a su familia. Fue entonces que toda esa destreza que le enseñaron sus abuelos la puso en práctica y empezó a fabricar trasmallos.

El secreto para que el trasmallo quede listo para usar –según Celinda– es la colocación de un plomo en las puntas, que servirá de peso para atrapar a la presa. Así, finalizado, llega a las manos de sus clientes que son en mayoría pescadores riosenses.

CULTURA

De acuerdo con Cedeño, con las atarrayas se evita la muerte indiscriminada de peces, a diferencia de cuando se utiliza dinamita o corriente para atraparlos.

Según el jefe del departamento de Cultura y Promoción del Municipio de La Maná, Danny Zambrano, las atarrayas forman parte de la vida de los pescadores de la zona costera del Ecuador. Además, asegura que son tradiciones que forman parte de la cultura de los pueblos, ya que algunos hacen rituales antes de lanzarlas a los ríos.