OPINION

Editorial: Microtráfico y adicción


El microtráfico de droga crece de forma descomunal en la provincia. Quienes expenden estos estupefacientes echan a perder generaciones completas de adolescentes y jóvenes que lamentablemente caen en la oscuridad de este mundo.

El microtráfico de droga crece de forma descomunal en la provincia. Quienes expenden estos estupefacientes echan a perder generaciones completas de adolescentes y jóvenes que lamentablemente caen en la oscuridad de este mundo.

¿Qué hacemos como sociedad para evitarlo o reducirlo? Lo primero y primordial es denunciar cuando conocemos si alguien vende droga en nuestro barrio, ciudadela, urbanización, lotización o cualquier espacio en el que vivamos.

Según la Policía Antinarcóticos, una llamada al 1800 DELITOS (1800 335486) es suficiente, pues la entidad guarda la confidencialidad del caso.

No obstante, eso no es suficiente. Porque la clandestinidad no es solo de quien vende, sino también de quien consume, porque el que consume –y es triste mencionarlo– en su desesperación por obtener su droga para saciar su ansiedad es capaz de hacer lo que sea.

Y no se trata de echarle la culpa a la persona que está en el oscuro mundo de las drogas. Para nada.

Al contrario, se trata de exigir al Estado un real programa de rehabilitación para estas personas.

Lamentablemente, en la actualidad, han incrementado los casos de chicos que se convierten en adictos.

Pero lo que más preocupa es que el proceso de rehabilitación es costoso y eso da paso a la informalidad.

Hace poco hubo una tragedia en un centro de recuperación para personas adictas. Ese tipo de desgracias se dan precisamente porque desde la sociedad se le da cabida a la clandestinidad.

La naturaleza ilegal de esos sitios pone aún más en riesgo la vida de quienes acuden en busca de salvación.

El problema es complejo y es deber de las autoridades lograr una real atención a estas personas.