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Hoy se cumplen 130 años de la muerte del escritor ecuatoriano Juan Montalvo Fiallos


Juan María Montalvo Fiallos fue un ensayista y novelista ecuatoriano. Su pensamiento liberal estaba fuertemente marcado por el anticlericalismo y la oposición a los presidentes Gabriel García Moreno e Ignacio de Veintimilla.

Juan María Montalvo Fiallos fue un ensayista y novelista ecuatoriano. Su pensamiento liberal estaba fuertemente marcado por el anticlericalismo y la oposición a los presidentes Gabriel García Moreno e Ignacio de Veintimilla.

SU VIDA

Nació el 13 de abril de 1832 en Ambato, Tungurahua. Su padre, don Marcos Montalvo, hijo de un inmigrante andaluz, se dedicaba a los negocios ambulantes. En Quinchicoto, cerca de Ambato, conoció a doña Josefa Fiallos Villacrés, con quien se casó el 20 de enero de 1811.

Tuvo siete hermanos: Francisco, Francisco Javier, Mariano, Alegría, Rosa, Juana e Isabel. Su niñez transcurrió no solo en su casa, sino también en la cercana quinta de Ficoa. En 1836 sufrió de viruela y quedó con el rostro marcado.

En 1843, cuando tenía once años, su hermano Francisco fue arrestado, encarcelado y desterrado por enfrentarse políticamente a la dictadura de Juan José Flores.

Según el escritor Galo René Pérez, el destierro de su hermano le “dejó una lesión moral de la que no se recuperó jamás”, llevándolo a odiar a las dictaduras.

En 1845, su hermano regresó de su destierro en Perú, y lo llevó consigo a Quito a continuar sus estudios. Sus dos hermanos mayores, Francisco y Francisco Javier, le orientaban e influían en su gusto por las letras.

Entre 1846 y 1848 empezó a estudiar gramática latina en el colegio San Fernando. Posteriormente estudió filosofía en el seminario San Luis, donde recibió el grado de maestro y después ingresó a la Universidad de Quito para estudiar Derecho.

En 1853, el presidente Urbina decretó la libertad de estudios en colegios y universidades. Montalvo se vio privado de su cargo de secretario en el colegio San Fernando y además fue impulsado a abandonar su carrera de Derecho tras haber aprobado solamente el segundo curso. Así, decidió volver a Ambato.

En el ambiente melancólico de su casa (sus padres y su hermano mayor para entonces habían fallecido), se concentró en el enriquecimiento de su formación de autodidacta, acostumbrado a tomar notas de sus lecturas en cuadernos.

VIAJE A EUROPA

Durante el gobierno de Francisco Robles, Montalvo fue nombrado adjunto civil a la legación ecuatoriana en Roma.

Aunque el asiento de sus funciones de adjunto civil era Roma, Montalvo se quedó seis meses en París, por causas ajenas a su voluntad. Ahí conoció a don Pedro Moncayo, diplomático ecuatoriano, quien le brindó facilidades para su estímulo intelectual, y a celebridades francesas tales como Lamartine y Proudhon.

RETORNO AL ECUADOR

Tuvo que regresar al Ecuador no solo por la inestabilidad de los gobiernos y la agitación política, sino también por la artritis que lo aquejaba. Cuando llegó, en 1859, el país era gobernado por García Moreno. Lo primero que hizo fue escribirle al presidente una larga carta, un tanto discursiva, pero cargada de admoniciones y amenazas, que según parece, no lo irritó del todo.

En 1869, cuando García Moreno impulsó la llamada “Carta Negra”, Montalvo decidió expatriarse, temiendo por su vida. Acudió a la embajada de Colombia, y ni bien recibió su pasaporte para abandonar el país, partió la mañana del 17 de enero de 1869 rumbo a Ipiales junto a otros dos exiliados: Mariano Mestanza y Manuel Semblantes.

Durante su estadía en Ipiales, la señora Filomena Rojas le regaló una pluma de oro y Montalvo recibió la primera carta de Eloy Alfaro desde Panamá, invitándolo a acompañarlo. Pronto fraternizaron y Alfaro le instaló cómodamente; le compró pasaje para Francia, le dio una suma de dinero para las primeras semanas de permanencia en aquel país y le prometió extenderle las ayudas que en lo posterior llegara a solicitarle. Llegado a la capital francesa, su interés fue establecer conexiones con las personas que quizás se hallaban en disposición de ayudarle, pues desde su destierro cayó en una situación de apremio; había salido del Ecuador con pocas pertenencias y le era imposible obtener ingresos seguros y periódicos. Regresó a Panamá, rumbo a Ipiales.

ESCRITOS

Desde enero hasta agosto de 1858, mantuvo correspondencia con su hermano Francisco Javier destinada a su publicación en el semanario quiteño La democracia, que este último dirigía. Estos escritos, que conformaron una porción muy importante de su futura revista El Cosmopolita, no fueron bien recibidos en el Ecuador.12 Durante esta etapa en París, Montalvo se volvió melancólico, pues extrañaba su país.

Luego de la publicación de la revista El Cosmopolita, en la que criticaba a la presidencia de García Moreno, Montalvo viajó a Colombia, donde escribió gran parte del resto de su obra.

Uno de sus libros más conocidos es Las Catilinarias, publicado en 1880. Entre sus ensayos destacan Siete tratados (1882) y Geometría Moral (póstumo, 1902).

También escribió una secuela de Don Quijote de la Mancha, llamada Capítulos que se le olvidaron a Cervantes.

FRASE CÉLEBRE

Juan Montalvo, exclamó su célebre frase de “Mi pluma lo mató”, por alusión al folleto de “La dictadura perpetua”, que había enfervorizado a varios jóvenes a rebelarse al gobierno de Gabriel García Moreno, lo que ocasionó, que un día atenten contra la vida de García Moreno.

La pluma que fustigaría sin piedad la tiranía de García Moreno e Ignacio de Veintimilla. Aquella pluma que escribía, “Somos libres”, ¿Cómo puede la pluma del escritor herir más hondo que el puñal del soldado? Creo que la razón se encuentra en la naturaleza de este espíritu humano hecho para reír, llorar, rabiar y orar.

ÚLTIMOS DÍAS

En París, posiblemente entre el 8 y el 10 de marzo de 1888, su salud se deterioró de manera brusca debido al mal clima: un fuerte aguacero lo sorprendió mientras regresaba de la casa editorial donde había corregido ciertos detalles del tercer volumen de El Espectador, y contrajo neumonía.

En los días siguientes los síntomas de su enfermedad fueron empeorando y Montalvo cayó prácticamente en la indigencia.

Los médicos que habían atendido a Montalvo los primeros días de su enfermedad no se dieron cuenta que la neumonía inicial que lo aquejaba se había convertido en un derrame pleural, como determinó el médico León Labbeé, quien lo sometió a un tratamiento que, aunque lo mejoró durante un tiempo, no pudo detener sus cada vez más intensos padecimientos.

Juan Montalvo falleció de tuberculosis en París el 17 de enero de 1889. Su cuerpo fue embalsamado y se expone en un mausoleo en Ambato.