OPINION

Cacicazgo en el CNE


Desde el año 1945 contamos en Ecuador con una Función Electoral con atribución de independencia, sin embargo, históricamente, los hechos nos han probado lo contrario. Esto tiene que cambiar; los representantes de los diversos políticos deben velar para que la tan anhelada independencia se cumpla. Se deben analizar, en detalle, los antecedentes de todas las autoridades que rigen estas próximas elecciones para determinar si existe o no la hegemonía de un determinado partido político en el manejo de tan delicado proceso.

Desde el año 1945 contamos en Ecuador con una Función Electoral con atribución de independencia, sin embargo, históricamente, los hechos nos han probado lo contrario. Esto tiene que cambiar; los representantes de los diversos políticos deben velar para que la tan anhelada independencia se cumpla. Se deben analizar, en detalle, los antecedentes de todas las autoridades que rigen estas próximas elecciones para determinar si existe o no la hegemonía de un determinado partido político en el manejo de tan delicado proceso.

Hay partidos que representan y defienden altos intereses particulares por preservar el control de ciertas administraciones y así evitar el juzgamiento de sus actuaciones, para que no les ocurra como al expresidente de la República, que al momento pasa por una expurgación rigurosa de todas las mañoserías y bribonadas en las que participaron muchos de sus acólitos. Es evidente todo lo que está en juego para muchos de los actuales funcionarios seccionales; con certeza, lucharán con garras y dientes para evitar que la lupa acusadora los alcance, a pesar de la tremenda cintura política con la que han logrado hasta ahora mantenerse en sus cargos y de los embates que recibieron del gobierno anterior.

Esperemos que el Consejo Nacional Electoral no haya pasado simplemente por un mero cambio de propietario. El control electoral es medular. Hemos visto varios movimientos en autoridades regionales de este Consejo y nos queda la duda de cuál ha sido la razón de fondo para estas dimisiones.

El control electoral no es simplemente el monitoreo previo y recurrente de la publicidad para la campaña electoral, sino también la supervisión para lograr un proceso electoral transparente, que realmente recoja la decisión del soberano, situación que no ocurría en la década pasada, cuanto el poder Ejecutivo dominaba todas las funciones del estado a su antojo y conveniencia.