OPINION

Editorial: Tardía justicia


El Tribunal de la Corte Nacional de Justicia sentenció ayer a Pedro Delgado, expresidente del Banco Central y primo del expresidente, Rafael Correa, a cinco años de pena privativa de libertad.

Los magistrados lo hallaron culpable del delito de enriquecimiento ilícito. Además, ordenó la restitución de $ 788.855,94, así como el decomiso de los bienes del sentenciado y las disculpas públicas.


El Tribunal de la Corte Nacional de Justicia sentenció ayer a Pedro Delgado, expresidente del Banco Central y primo del expresidente, Rafael Correa, a cinco años de pena privativa de libertad.

Los magistrados lo hallaron culpable del delito de enriquecimiento ilícito. Además, ordenó la restitución de $ 788.855,94, así como el decomiso de los bienes del sentenciado y las disculpas públicas.

Esta sentencia llega tarde, porque si bien es cierto ante la opinión pública es hallado culpable de un delito el exfuncionario en mención, también es cierto que mientras el país se hunde en la crisis económica que dejaron precisamente aquellos que ya no están en el poder, el señor Delgado continúa en libertad, disfrutando de las bondades del “imperialismo” norteamericano, lugar al que fugó para ir a “una boda”.

Es lamentable que las circunstancias que nos rigen determinen que el señor Delgado siga en Estados Unidos, o quién sabe dónde, escondido tal vez, y no devuelva el perjuicio que le ocasionó al Estado, mientras al siempre sufrido pueblo, se le recarga todo el peso de la crisis producto del millonario desfalco a las arcas del estado.

Ecuador se ha convertido en un país donde la justicia va a un ritmo que no se compara con la velocidad de quienes infringen las leyes.

Más allá de que se vaya o no preso el señor Delgado, lo que en realidad preocupa es que no exista un mecanismo eficiente y tangible que permita la recuperación de los dineros públicos.

Claro, la Corte resolvió el decomiso de los bienes del sentenciado, pero, ¿Y si el sentenciado no tiene nada a su nombre?

Deben iniciarse otras investigaciones, como el testaferrismo, por ejemplo, a fin de encontrar la ruta del dinero robado.