OPINION

Decepción


Los ecuatorianos/as expresamos con claridad nuestra voluntad de cambio en febrero del 2017 en la consulta popular se envió un mensaje: establecer condiciones para dejar atrás una institucionalidad que no garantizaba controles, de balances e independencia, una decisión así, entregar tanto poder a pocas personas, entraña riesgos muy altos, sin embargo se consideró que eran menores a los que podrían existir en caso de mantener una institucionalidad al servicio principalmente de un movimiento político.

Los ecuatorianos/as expresamos con claridad nuestra voluntad de cambio en febrero del 2017 en la consulta popular se envió un mensaje: establecer condiciones para dejar atrás una institucionalidad que no garantizaba controles, de balances e independencia, una decisión así, entregar tanto poder a pocas personas, entraña riesgos muy altos, sin embargo se consideró que eran menores a los que podrían existir en caso de mantener una institucionalidad al servicio principalmente de un movimiento político.

No debemos olvidar que nuestra historia es pródiga en ejemplos de excepción, aprobados con la esperanza de cambios definitivos, de nuevos tiempos, ya les pasó a demasiados simpatizantes en los primeros años de la autodenominada revolución ciudadana, quienes decidieron, callar, mirar a otro lado, no expresar sus desacuerdos de forma abierta, cuidaban el proyecto de las amenazas de la derecha de los de siempre, de la partidocracia.

Si bien en privado unos pocos exteriorizaban sus desacuerdos, preferían en público guardar silencio y esperar se justificaban: podrían desde adentro, hacer cambios, aportar a la transformación, a la refundación ética y a reencauzar la práctica política, mientras callaban se sentaron bases sólidas para la acumulación del poder que podría usarse con cualquier objetivo; esas personas justificaron los insultos, la descalificación y la intolerancia, como una expresión del ímpetu y pasión del expresidente Correa Delgado.