CIUDAD

27 de diciembre de 1797: Natalicio de Manuela Sáenz


Manuela Sáenz y Aizpuru o Sáenz de Thorne, también llamada Manuelita Sáenz,

nació el 27 de diciembre de 1795, en Quito.


Manuela Sáenz y Aizpuru o Sáenz de Thorne, también llamada Manuelita Sáenz,

nació el 27 de diciembre de 1795, en Quito.

Era hija natural de Simón Sáenz, comerciante español y realista, y de María Joaquina de Aizpuru, bella mujer hija de españoles de linaje.

Desde muy joven entró en contacto con una serie de acontecimientos que animarían su interés por la política.

En 1809 la aristocracia criolla ya se hallaba conspirando contra el poder de los hispanos. Presenciaba desfiles de prisioneros desde la ventana de su casa, y se maravillaba de las hazañas de doña Manuela Cañizares, a quien tuvo por heroína al enterarse de que los conspiradores se reunían clandestinamente en su casa.

Por causa de las propias revueltas, se ausentó de la ciudad para refugiarse junto a su madre en la hacienda de Catahuango.

Tiempo después regresaron a Quito, y la madre decidió internarla en el convento de monjas de Santa Catalina; tenía entonces 16 años.

ADMIRACIÓN

La fascinación de Manuela por la vida pública y su ímpetu rebelde la harían abandonar prontamente la clausura del convento. Aprendió a leer y a escribir, virtudes que le permitieron iniciar una relación con Fausto Delhuyar, un coronel del ejército del rey.

Luego contrajo matrimonio con James Thorne, un médico de cuarenta años que comerciaba con su padre y al que nunca llegaría a amar.

Corría el año 1819 y Manuela deslumbraba en los grandes salones de Lima, junto a su amiga Rosita Campuzano. El resto de la América estaba convulsionada.

Simón Bolívar ya había liberado el territorio de la Nueva Granada y se disponía a fundar en Angostura la Gran Colombia.

Entrado el año de 1820, la Sáenz se convertía en una de las activistas principales.

Las reuniones se realizaban en su casa y las disfrazaba de fiestas.

Participó en las negociaciones con el batallón de Numancia, y en 1822, una vez liberado Perú, fue condecorada “Caballeresa del sol, al patriotismo de las más sensibles”.

Con la excusa de acompañar a su padre, Manuelita marchó hacia Quito. Colaboró activamente con las fuerzas libertadoras: llevaba y traía información, curaba a los enfermos y donaba víveres para los soldados.

RELACIÓN

El 16 de junio de 1822, Simón Bolívar entró triunfalmente en la ciudad y, después de un cruce de miradas, fueron presentados en un baile en homenaje al Libertador.

A partir de entonces mantendrían una relación pasional. La muerte de su padre la motivó a regresar a Lima.

Fue nombrada por Bolívar miembro del Estado Mayor del Ejército Libertador; peleó junto a Antonio José de Sucre en Ayacucho, siendo la única mujer que pasaría a la historia como heroína de esta batalla.

Una vez aprobada la Constitución para las nuevas naciones, marchó a Bogotá junto al Libertador. Eran los tiempos del corto esplendor de la Gran Colombia. Manuelita militaba activamente en el partido bolivariano y se encargaba de llevar los archivos del Libertador.

Durante el día vestía de soldado y, junto a sus fieles esclavas de siempre, se dedicaba a patrullar la zona. Cuidaba las espaldas de Bolívar.

El 25 de septiembre de 1828, gracias a su intuición, lo salvó de un atentado dirigido por Francisco de Paula Santander, enfrentándose a los conspiradores mientras su protegido huía descolgándose por una ventana; a raíz de este acontecimiento Bolívar, de regreso a palacio, le dijo: “Eres la Libertadora del Libertador”.

Los amores eran nocturnos y se prolongarían hasta la huida de Bolívar a Santa Marta en 1830.

SUICIDIO

Siete meses más tarde, al conocer la muerte de su amado por medio de una carta de Peroux de Lacroix, decidió suicidarse. Se dirigió a Guaduas, donde se hizo morder por una víbora, y fue salvada por los habitantes del lugar.

El 1 de enero de 1834, le ordenaron que abandonara la nación en un plazo de trece días.

Manuela volvió al Ecuador en 1835. El presidente Vicente Rocafuerte, ante la noticia de su llegada, determinó su salida del país. Esto le llevó al destierro.

Se radicó en el puerto de Paita, donde subsistió elaborando dulces, tejidos y bordados para la venta.

Fue visitada por muchos hombres importantes, entre los que figuraron Simón Rodríguez, Hermann Melville y Giuseppe Garibaldi. Uno de los visitantes del lugar trajo consigo la difteria, enfermedad que contrajo Manuelita y de la que murió, ya pobre e inválida, a los 60 años de vida.