OPINION

Editorial: Sin vicepresidente


Era cuestión de horas. Ecuador está sin vicepresidente, tras la renuncia de María Alejandra Vicuña al cargo.

Ayer lo oficializó y dijo que era porque “el país no merece esta inestabilidad”. Pero esto no queda allí.


Era cuestión de horas. Ecuador está sin vicepresidente, tras la renuncia de María Alejandra Vicuña al cargo.

Ayer lo oficializó y dijo que era porque “el país no merece esta inestabilidad”. Pero esto no queda allí. Si ya se inició una investigación, es momento de que vaya hasta las últimas consecuencias.

¿Cuáles son las últimas consecuencias? Pues esclarecer los depósitos que recibió la hasta ayer segunda mandataria. Determinar quiénes nomás le dieron esos “aportes voluntarios” y verificar si todos eran servidores públicos.

Así también, establecer el tipo de responsabilidads sobre Vicuña, que, recordemos, al renunciar, pierde su inmunidad.

¿Qué procede? Indudablemente seguir un proceso penal, pero a la par, elegir a un vicepresidente.

Esperamos que en esta oportunidad no se equivoquen ni los legisladores ni el primer mandatario y sea realmente una persona proba la escogida.

Una probidad que debe ir de la mano con una impoluta carrera política. No es momento de improvisar.

Los desafíos son amplios. Pero por esa misma razón, la persona que llegue debe estar a la altura de las circunstancias, para constituirse en un verdadero apoyo al presidente, en lugar de pensar en revanchismos políticos o en la búsqueda de desestabilizar su gobierno.

Claro, es imposible no mirar algún grado de inestabilidad en ese puesto de vicepresidente, pues ya van dos con este gobierno.

No obstante, era lo justo, lo correcto, pues no se puede tener al lado a personas cuestionadas por el ojo público.

En ese contexto, esperemos que a la “tercera sea la vencida”, sin importar los nombres propios, lo idóneo sería que el elegido o elegida sea alguien que garantice gobernabilidad con honestidad.