OPINION

El baño de sangre en Nicaragua


Incluso la comunidad empresarial de Nicaragua, que hasta hace poco en la práctica apoyaba a Ortega, ahora exige oficialmente que el presidente renuncie o permita elecciones anticipadas con observadores internacionales creíbles. Y hasta Humberto Ortega, el hermano del presidente y fundador del Ejército Sandinista, me dijo en un mensaje de texto que él también apoya que se realicen elecciones anticipadas en algún momento del 2019.

Incluso la comunidad empresarial de Nicaragua, que hasta hace poco en la práctica apoyaba a Ortega, ahora exige oficialmente que el presidente renuncie o permita elecciones anticipadas con observadores internacionales creíbles. Y hasta Humberto Ortega, el hermano del presidente y fundador del Ejército Sandinista, me dijo en un mensaje de texto que él también apoya que se realicen elecciones anticipadas en algún momento del 2019.

El mandato del presidente Ortega vence en 2022. El presidente está en el poder desde 2007, y – siguiendo el modelo venezolano– se reeligió en unas elecciones poco creíbles en 2016.

Ahora, la economía nicaragüense está casi paralizada. Muchos caminos están bloqueados, y la mayoría de las ciudades parecen pueblos fantasmas al anochecer.

“Hay un toque de queda de facto a las 6 de la tarde, porque la gente tiene miedo de salir”, me dijo Juan Sebastián Chamorro, director del centro de estudios del sector privado FUNIDES y miembro de la Alianza Cívica.

Antes de la represión gubernamental de las protestas, FUNIDES proyectaba un saludable crecimiento económico del 4.7 por ciento para Nicaragua este año. Pero ahora, si la turbulencia política actual continúa por otros dos o tres meses, FUNIDES proyecta que Nicaragua tendrá un crecimiento negativo de menos 2 por ciento.

¿Debería el gobierno de Trump imponer sanciones a los funcionarios nicaragüenses, como lo ha hecho con altos funcionarios venezolanos? La respuesta es sí, pero conjuntamente con otros países europeos y latinoamericanos.

Unas sanciones unilaterales de Trump podrían ayudarle a Ortega a hacerse la víctima y a recobrar cierto apoyo de sus bases sandinistas, según me dijeron algunos líderes opositores nicaragüenses. Pero las sanciones colectivas de Estados Unidos, Europa y América Latina a funcionarios nicaraguenses serían muy necesarias, agregan.

En los últimos diez años, los gobiernos de Obama y Trump, así como la comunidad empresarial nicaragüense, se equivocaron al no oponerse más categóricamente al golpe en cámara lenta que ha tenido lugar en Nicaragua.

Ahora, es tiempo de que el mundo ponga más atención al baño de sangre que está teniendo lugar en ese país centroamericano, y los países tomen medidas al respecto.