Monseñor Néstor Herrera prestó sus servicios en El Oro durante 28 años en el ámbito religioso, pastoral y social, cumpliendo la voluntad de Dios y las necesidades de la Iglesia.
Monseñor Néstor Rafael Herrera Heredia nació en Pujilí, provincia de Cotopaxi, el 23 de octubre de 1933. Realizó sus estudios primarios en la Escuela Pedro Vicente Maldonado de Pujilí; los secundarios en el Seminario Menor San Luis, en Quito; y los Superiores en el Seminario Mayor San José, en Quito y en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.
Recibió la Ordenación Sacerdotal el 21 de julio de 1957. El 14 de enero 1982, el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de Machala; y, el 14 de febrero del mismo año, recibe la Ordenación Episcopal de manos de Monseñor José Mario Ruíz Navas, Obispo de Latacunga.
También se desempeñó como Presidente de las Comisiones de Ministerios y Vida Consagrada y de Catequesis de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana y Presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana.
El 22 de febrero de 2010 el Papa Benedicto XVI acepta su renuncia al Gobierno Pastoral por límite de edad.
¿Cómo nació su vocación para dedicarle su vida a Dios?
Mi vocación al sacerdocio nace en el seno de mi familia y en la relación estrecha con los sacerdotes que prestaban sus servicios en mi pueblo, Pujilí. Mis padres y toda mi familia fueron muy creyentes y practicantes de la religión católica. Me decían que desde cuando contrajeron matrimonio uno de sus deseos era tener un hijo sacerdote. A esto se suma la estrecha relación que mantenían con los sacerdotes que prestaban sus servicios en mi pueblo, Pujilí, relación que posteriormente la llegué a mantener yo mismo al frecuentar la casa parroquial y acompañarles en ciertas actividades de ellos en la atención a los fieles. Esta cercanía con ellos y la manera como atendían a los fieles despertaron en mi el deseo de ser como ellos. Esto motivó a mis padres y a mí para ingresar en el Seminario en donde con mis estudios y la orientación de mis formadores progresivamente se fue clarificando mi vocación e intensificándose mi deseo de llegar al sacerdocio.
Usted estuvo alrededor de tres décadas en Machala, ¿Cómo califica su estancia en esta provincia?
Nombrado Obispo de Machala en 1982, las inundaciones (fenómeno del Niño) de ese año y del siguiente que me pareció un flagelo para la Provincia de El Oro, pusieron a prueba mi responsabilidad de Pastor y guía del pueblo orense y acentuando mi compromiso con la situación de los damnificados y la destrucción de la poca infraestructura que tenían la casi totalidad de los suburbios en las ciudades y de las poblaciones rurales, de las vías de comunicación y de los pocos recursos empleados en la agricultura.
La atención que con la ayuda de los Agentes de Pastoral, las autoridades y organizaciones nacionales y extranjeras pudo ofrecer la Diócesis con el Obispo a la cabeza, despertaron la confianza del pueblo orense en mi persona, confianza que alimentada y estimulada con mi trabajo pastoral fue acrecentándose cada vez más y permitieron que yo abrigara un amor cada vez mayor para esta Provincia y recibiera en reciprocidad una aceptación igualmente cada vez mayor de parte de sus habitantes.
Todo esto hizo agradable y beneficiosa mi estadía en esta Diócesis y Provincia por el lapso de 28 años sin que haya sentido la necesidad de pensar en un cambio o traslado a otra Diócesis y que me entregara a un servicio sin reservas en el plano religioso, pastoral y social, a tal punto que cuando tuve que dejar Machala y El Oro me retiré con la satisfacción del deber cumplido y con la conciencia de haber respondido a la voluntad de Dios y las necesidades de la iglesia que me fue confiada para apacentarla guiado siempre por el Evangelio.
Este domingo concluye la Semana Santa ¿Cuál es el significado espiritual al recordar la muerte de Jesús?
En la Semana Santa los cristianos y especialmente los católicos recordamos la Institución de la Eucaristía y el Sacerdocio, la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús para rescatarnos del pecado y darnos opción de llegar a disfrutar de una vida nueva, todo esto con un llamamiento a vivir en el amor y del amor de Dios hacia los hombres y de la humanidad entre sí.
Por tanto el significado de estos días es, en expresión de San Pablo, despojarnos del hombre viejo consecuencia del pecado y de nuestras malas obras para revestirnos del hombre nuevo creado en santidad y justicia, purificados de todo lo malo que nos impide vivir como buenos hijos de Dios y verdaderos hermanos entre nosotros.
¿Qué considera que ha cambiado entre los creyentes del país en la celebración de la Semana Mayor?
En Aparecida (Brasil) el año 2007, los Pastores de la Iglesia Latinoamericana ya decíamos que estamos en un cambio de época, situación que es opaca y compleja y que por lo mismo trae consigo una serie de cambios hasta entonces nunca vistos ni experimentados y que para vivir nuestra fe es necesaria una gran fidelidad a Dios, al hombre y a la Iglesia como comunidad de fe, culto y amor. En una palabra, una gran fidelidad al Evangelio. En esta nueva época, la fe se ha debilitado. Al haber desplazado la humanidad a Dios de su vida personal, familiar y social, el culto que es la celebración de estos dones dados por Dios nos ha llevado a un cambio en la celebración de los misterios de nuestra fe. Una fe de labios para afuera, sin vida, sin obras, está muerta dice San Juan. Y esto es lo que pasa. La participación de los fieles se ha reducido porque muchos prefieren el descanso, la diversión antes que el culto y consiguientemente prevalece la mundanidad y se desplaza la oración, la meditación y la piedad. Esta semana ha dejado de ser santa y se ha convertido en un simple feriado.
Recientemente, la Conferencia Episcopal Ecuatoriana emitió un pronunciamiento público ante la ola de denuncias de supuestos actos de corrupción por parte de las autoridades, instando a investigar con transparencia, ¿La Iglesia también cumple ese rol conciliador entre autoridades y ciudadanía?
La Iglesia, gracias a Dios, todavía goza del respeto y confianza de la ciudadanía. Su palabra, veraz, clara y orientadora sigue guiando al Pueblo de Dios que peregrina en el Ecuador. No ha estado inmersa en hechos de corrupción o de oscuros intereses, nadie le ha acusado de hechos reñidos con la verdad, la justicia y la paz. Por eso puede levantar su voz a los cuatro vientos sin temor ni vergüenza. Otra cosa es que los gobernantes, las instituciones y el pueblo escuche su voz y siga sus orientaciones. Y dentro de la Iglesia se actúa con transparencia y a la luz del día. No hay secretos ni acomodos.
¿Qué papel cree usted que deben desempeñar los católicos ante estos acontecimientos de corrupción que manchan el nombre del país?
En los hechos de corrupción que denigran al país, los católicos estamos llamados a denunciar, a dar la cara en defensa de la verdad, a luchar denodadamente por la justicia y a no dar tregua a la mentira, el engaño, la explotación, el fraude y en el caso de ser funcionarios o empleados públicos estamos llamados a actuar con transparencia y en conciencia.
¿Cómo puede la Iglesia construir y sembrar paz y amor entre los feligreses para evitar más violencia en el país?
Para construir y sembrar paz y amor entre los ecuatorianos, para frenar la violencia y de ser posible erradicarla en el país, la Iglesia insta continuamente a cumplir con el gran mandamiento del amor, recomendado por Jesús antes de su pasión y muerte y a la convivencia pacífica entre las personas, las familias, las instituciones y los pueblos. Son muy claros estos pedidos en las marchas, vigilias y procesiones organizados por grupos y asociaciones de la Iglesia.
¿Cuán saludables son para los ciudadanos los encuentros entre las máximas autoridades del clero y el Presidente de la República, Lenín Moreno?
Los encuentros entre la Jerarquía Eclesiástica y el Gobierno Nacional o los gobiernos seccionales, hasta el presente han demostrado ser muy eficientes para la gobernabilidad del país, las buenas relaciones Estado-Iglesia y para la preservación de la paz social. Por eso frecuentemente se pide la mediación de la Iglesia en la solución de conflictos, controversias, enfrentamientos y litigios.
¿Cuál es su mensaje para los católicos machaleños que lo recuerdan por su gestión?
Mi mensaje para los Orenses que me recuerden, es el mismo que les di el día que dejaba el Obispado de Machala en mayo del año 2010: Los llevo en mi corazón. Siempre oraré para que el Señor esté con Uds y les bendiga. Oren también Uds por mi.