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La fiesta de los caporales, símbolo de resistencia indígena


Organizan una mesa con choclo, en la cual bendicen los alimentos y participa ‘la mama de las doñas’.


En medio de la algarabía con bandas de pueblo y músicos autóctonos, los indígenas de Salasaca, en Tungurahua, fueron partícipes de la fiesta de los caporales en honor al Niño Manuelito, en la cual se anuncian las celebraciones de Carnaval durante tres días.

Este evento se hace tradicionalmente en la nombrada parroquia, como símbolo de resistencia a las luchas que se venían dando desde la época republicana con los españoles.

Personajes

La fiesta de los caporales (priostes) está compuesta por ‘doñas’ y simboliza la defensa a las indígenas que antiguamente eran violadas por los españoles, manifestó Antonia Quinapanta, quien ha participado activamente con su hija.

‘Los negros’, quienes se visten de blanco el primer día y posteriormente de negro, son quienes resguardan al personaje principal, es decir al ‘caporal’.

Este último es quien lidera la resistencia indígena y viste con fachalina de colores diversos, asemejando al arcoíris, y un azadón en sus hombros demostrando el trabajo en el campo.

‘La mama de las doñas’ es la mujer del caporal, quien es un hombre disfrazado de mujer, quien a su vez ayuda a financiar los gastos de la fiesta. ‘Los montados’ son quienes vienen de otras partes de Tungurahua en caballos. ‘Los alcaldes’ esperan a los caporales en el camino antes de llegar al cementerio.

Actividades

El primer día, los caporales dan de comer en sus casas a sus grupos de ‘negros’ y ‘doñas’. Se prepara una mesa llena de choclo cocinado. Luego salen hacia la capilla de Chilkapamba, después a Calliñán, al cementerio y finalmente a Pelileo.

José María Chiliquinga, ‘alcalde’, señaló que ellos esperan en el Calliñán, considerado un crucero sagrado donde se realizan las limpias cuando tienen malaires. “Desde aquí acompañamos a los caporales hasta el cementerio”, mencionó Chiliquinga.

El segundo día, ‘los negros’ llegan alrededor de 120 ‘montados’, mayoritariamente de Mocha, contratados por los ‘caporales’. Ellos hacen el mismo recorrido, en el cual realizan la representación de la resistencia de los negros e indígenas en contra de la opresión y abusos de los españoles. Al llegar al cementerio, llevan a cabo una misa, en la cual comen cuyes o conejos que les brindan.

El tercer día bailan frente a la iglesia del centro de Salasaca como muestra de devoción al Niño Manuelito.