OPINION

De los paseos de fin de año y otras actividades motivadoras


Jowel, Michael, Yandri, Eva, Ericka y muchos de sus compañeros se motivan al terminar el año lectivo. Su razón: no se quedarán al supletorio y, como premio, realizarán junto a su tutor, algunos docentes y padres de familia, un paseo. No importa el lugar -aseguran ellos- pues lo verdaderamente valioso es compartir y disfrutar este triunfo, y hacerlo con las personas que han colaborado.

Jowel, Michael, Yandri, Eva, Ericka y muchos de sus compañeros se motivan al terminar el año lectivo. Su razón: no se quedarán al supletorio y, como premio, realizarán junto a su tutor, algunos docentes y padres de familia, un paseo. No importa el lugar -aseguran ellos- pues lo verdaderamente valioso es compartir y disfrutar este triunfo, y hacerlo con las personas que han colaborado.

Esta realidad parece escabullirse en el presente, de a poco, y es casi ausente ya en los establecimientos secundarios fiscales (en los particulares se manejan de otra manera). Pero, ¿debería importarnos que se realice un paseo de fin de año entre los estudiantes? ¿Qué tan relevantes pueden resultar esta y otras actividades de carácter participativo como elevador de la motivación entre ellos?

Otrora, esta actividad era consuetudinaria. No había paralelo que no realice su paseo de fin de año. ¿Qué pasó? ¿Por qué se fue perdiendo esta costumbre si resultaba, además de integradora, satisfaciente? Simple: la vida cambió. Los peligros acechan. Los accidentes de tránsito; los ahogamientos y más penurias se dan con mayor frecuencia y cotidianidad (al menos eso cree la gente). Y, ante tantos peligros, los padres se evitan estos dolores no participando. Pero, ¿cuál debería ser la actitud correcta? Creo que deberíamos sopesar ambas posturas: los riesgos versus los beneficios.

He participado de diferentes actividades extracurriculares con mis estudiantes: dentro y fuera de la institución, de variadas temáticas y fines (entrenamientos y recorridos educativos, participación en eventos culturales, eventos deportivos y más) y nunca hubo algún suceso que nos alarmase sobremanera. ¿Lo dudan? Es comprensible. Pero la clave es sencilla: Todo depende de la disciplina, del orden con que se haga todo, salvaguardando la integridad y los bienes de los jóvenes, dándoles libertad pero mesurada.

Estos criterios, lamentablemente, los desconocen o no los aplican muchos padres y, un gran número, no quiere ni aceptarlo. Les asusta la posibilidad de un desenlace fatal. Aunque para esto, la autoridad educativa central también ha establecido pautas de seguridad, a mi gusto exageradas en algunos casos, aunque válidas.

Son muchas las actividades enriquecedoras planteadas por el Ministerio (Fiesta de la Lectura, Siembra de Árboles, Día de Convivencia Familiar, Fiestas Navideñas, Juegos Deportivos, etc.) que pretenden cerrar la brecha de comunicación e interacción entre padres de familia, estudiantes, docentes y autoridades; sin embargo, tristemente, puedo decir que falta mucho por lograr niveles de convivencia participativa aceptables ...

Es claro: ¿queremos una educación de calidad? Pues los padres de familia deben involucrarse más activamente en las actividades escolares, incluso promoverlas, confiando en la labor que desarrollamos los docentes y estando vigilantes de que se cumplan fehacientemente, tendiendo lazos que nos acerquen.

¿Cuál será el resultado final? Indudablemente, tener hijos y estudiantes más seguros, mejor preparados para afrontar la vida, con mayores experiencias enriquecedoras, más responsables y con la libertad suficiente para tomar decisiones y, por sobre todo, siendo FELICES. Al final de cuentas, se supone que los educamos para todo esto. ¿O no?