La capacitación de los maestros fiscales
El reto, tanto del nuevo personal como del que mayoritariamente forma parte del sistema educativo público, es gigantesco.
Nadie duda de que la educación es el motor del cambio social, y que el maestro es una de las piezas claves.
Por eso, las cifras sobre el rendimiento promedio de quienes participaron en el concurso parar llenar 11.380 vacantes en el magisterio generan dudas sobre las posibilidades reales de alcanzar cambios cualitativos en el mediano plazo.
En conocimientos específicos, los aspirantes alcanzaron en promedio 7.64 puntos sobre 15; en razonamiento verbal 6,73 sobre 15; en pedagogía 11,54 sobre 15, y un reconfortante 18 sobre 20 en las clases demostrativas.
Las cifras no hacen sino confirmar lo que se viene observando desde hace varias décadas, cuando la educación pública perdio importancia en los planes de desarrollo, los presupuestos disminuyeron y el prestigio del magisterio fue reemplazado por la fuerte gestión gremial dirigida por el Movimiento Popular Democrático.
El maestro público, instrumentalizado desde una visión político-partidista, se ha convertido en un agente de oposición al cambio, lo cual no guarda relación con la vertiginosa transformación tecnológica de la sociedad ni con los esfuerzos y la inversión que gobiernos bien intencionados quieren emprender a través de la gestión estatal.
El actual Gobierno quiere que la educación pública vuelva a tener el protagonismo y la calidad de antes, y está invirtiendo en infraestructura, evaluación y actualización, al tiempo que está haciendo serios esfuerzos por evitar la politización en el reclutamiento de los nuevos maestros.
Pero el reto en capacitación, tanto del nuevo personal como del que mayoritariamente forma parte del sistema educativo público, es gigantesco.
Y no solo se trata de comprometer recursos humanos, técnicos y económicos, sino de romper un paradigma político de años. Diario El Comercio















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