Jesucristo felicidad eterna
Rodrigo Astudillo
En la actualidad estamos viviendo tiempos en donde el materialismo nos invade cada vez más, ya no pensamos en otra cosa que no sea la manera de generar riquezas, cambiando y confundiendo así el verdadero significado de lo que es la felicidad.
Ahora muchas familias poco o nada enseñan a los hijos a cultivar la verdadera felicidad que tiene que ver directamente con el bienestar espiritual el cual lo podemos alimentar leyendo diariamente la palabra de Dios y poniendo por obra sus mandamientos.
No es que sea malo tener dinero, es necesario generar ganancias de un trabajo honrado para cubrir necesidades, pero las personas cuando no tienen guía y fortaleza espiritual crece su ego, son orgullosas en su mundo, y tratan a los demás con cierto desprecio.
Como padres debemos educar a nuestros hijos enseñándoles que una vida llena de lujos, de vanidades, de caprichos, no se compara con la felicidad espiritual que podemos encontrar en Jesús, sin la necesidad de entrar en un mundo fantasioso, lo que tenemos que hacer es seguido, él nos guiará hacia la felicidad. Jesucristo es un ejemplo de vida, y todos estamos invitados a seguir su camino.
Si usted cree en Jesús pero no pone por obra su palabra, que le diría si esta noche llegara y le pregunte: ¿has cumplido mis mandamientos? ¿Te has preocupado de enriquecer tu vida espiritual? ¿Crees que mereces estar en mi Reino?
San Juan 3: 17 dice: Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.
San Juan 5: 24 dice: De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida.
Romanos 12: 9 dice: El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Qué le parece a usted… ¿Cree que vale la pena conquistar el mundo material con su falsa felicidad? o buscar la verdadera vida en Cristo Jesús. Romanos 8: 6 Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del espíritu es vida y paz.




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