En defensa de un espacio verde

La ciudad de Buenos Aires carece de espacios verdes en extensión tal que cada uno de sus habitantes pueda disponer de los metros cuadrados de esas características que se estiman indispensables para una mejor calidad de vida.

Con ese criterio y singular apasionamiento -aunque ni siquiera en este caso está justificado el corte de calles-, vecinos del barrio Marcelo T. de Alvear, muy próximo al parque Avellaneda, se han manifestado en defensa de un espacio verde en que el gobierno porteño se ha propuesto instalar un centro de salud mental para la internación de pacientes adultos.

Los 5300 metros cuadrados en discusión están parquizados y son mantenidos, como parte del pago de las expensas comunes, por los residentes de aquel complejo habitacional, quienes lo vienen sustentando desde hace 58 años.

Las autoridades locales sostienen, en cambio, que ese terreno fue cedido por la Nación y que las reglamentaciones vigentes les permiten construir allí el centro asistencial.

No hay por qué desconfiar de esta argumentación, pero así y todo, no se justificaría que se pretenda eliminar espacios verdes so pretexto de necesidades edilicias.

Ante la disyuntiva, brota de inmediato el interrogante de si para que Barracas progrese es indispensable desalojar de allí los hospitales neuropsiquiátricos en lugar de proteger sus edificios históricos, adecuarlos, por supuesto, a las necesidades de los criterios médicos más actualizados y complementarlos con otras instalaciones modernas por su construcción e instalaciones técnicas.

El si se quiere modesto -por sus medidas- terreno próximo a la antigua chacra de los Remedios, propiedad de la familia Olivera y ahora parque Avellaneda, no merece perder esa parquización que tanto beneficio le aporta al vecindario, por cierto receloso de la pretensión de despojarlo de esa ventaja.

Ocurre que los espacios verdes arbolados, tan escasos en la inmensidad de nuestra urbe, son proveedores de oxígeno y recrean la vista y el espíritu de quienes los frecuentan.

Se comprende, pues, que los vecinos estén decididos a defenderlos, así como no se entiende que las autoridades se dispongan a eliminar aunque más no fuese uno de ellos, por más que las reglamentaciones se lo permitan.

Editorial La Nación (Argentina)


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