Una luz en la historia de América
A un año del Bicentenario del 10 de Agosto de 1809, la nación ecuatoriana debe prender intensamente su fervor patrio.
Las fechas son parte fundamental de la emoción colectiva de una nación. Son referentes irreemplazables y los signos de una identificación colectiva en la que se amalgaman el amor por la patria y la veneración por sus gestas históricas.
Eso es el 10 de Agosto de 1809 para el pueblo de la República del Ecuador y para muchas naciones que lo reconocen como la clarinada de una independencia que empezó a concretarse a finales de la primera década del siglo XIX. sin embargo, tras la remembranza de la fecha, están procesos que deben ser comprendidos en su integridad para evaluar lo que significó el ciclo de las revoluciones más trascendentales de la historia de Occidente, como fueron la Independencia de los Estados Unidos de América en 1776, la Revolución Francesa en 1789 y el movimiento que se produjo en Quito en la alborada del 10 de Agosto de 1809.
Sin embargo, no fueron pacífícas proclamas, también tuvieron que soportar la prueba de crueles represiones -entre nosotros el 2 de Agosto de 1810- y que luego demandaron de intensas jornadas bélicas de los ejércitos libertadores conducidos por Simón Bolívar y José de San Martín vencieron a la geografía de los Andes y al ejército del imperio español en históricas batallas.
La proclama de Quito fue saludada por la de Santa fe de Bogotá el 20 de julio de 1810 y perennizada por el fraile chileno Camilo Henríquez en la homilía que pronunció en la instalación del Congreso chileno, en Valparaíso, el 4 de julio de 1811, cuando llamó a Quito “Luz de América”.
A un año del Bicentenario, la nación ecuatoriana debe ser, de la misma manera que Quito fue pionera en el Primer Grito de Independencia, el hogar de un imperecedero encuentro nacional.
Diario Hoy




Deja un Comentario