Fundación de Guayaquil

Guayaquil recuerda hoy uno de los episodios más gratos de su historia, su fundación española.
El 25 de julio de 1538, se realizó la erección definitiva de Guayaquil por don Francisco de Orellana, dotado de grandes cualidades militares, de asombrosa actividad, el Marqués Francisco Pizarro le concedió el título de Capitán General encomendándole la fundación de la ciudad en un lugar estratégicamente geográfico.
Los expedicionarios en los primeros días de julio, ya irrumpieron en los poblados de los chonamas y de los colinas, y descendieron por el hermoso Daule hasta los dominios del régulo Cayche y su aliado Chauma, donde establecieron perentoriamente el asiento.

Orellana, entonces pone en actividad su ingenio y sus valores de soldado, acompañado de los más ágiles y valerosos mancebos, cruzan la selva en múltiples direcciones en busca del país de las esmeraldas y aún avanzan a las -montañas del Preande.
Pues, ha mediados de julio toda la atención de las expediciones se habrían fijado en la provincia de Azuay asiento de los huancavilcas, en el río Guayas encontrándose extendida “Guayaquil”, nombre puesto por los indios cerca del Cerrito Verde.
En este cerrito el capitán Francisco de Orellana ofició la ceremonia de fundación de la segunda Santiago con el más solemne ritual civil religioso, en la mañana del 25 de julio de 1538, día del patrono de España, Santiago el Mayor, y reinando su Majestad el Emperador Carlos V”.
Los 80 aventureros, que acompañaron a la titánica obra a Francisco de Orellana, dejaron entrever su profunda emoción, saturando su corazón de congratulación; lejos de España sentían y se velan en esta nueva fundación, a una nueva Patria.
La fundación de Santiago de Guayaquil constituye para Ecuador un acontecimiento de trascendentales dimensiones en la vida misma de la patria, ya que desde el punto de vista de situaciones geográficas, Francisco Pizarro y Francisco de Orellana pensaron en la contribución de esta ciudad en el éxito de las campañas bélicas libertarias; además de convertirla en un excelente puerto fluvial y marítimo alojado en el fondo del Golfo de Guayaquil y frente a la isla Puná.
En la planicie de Lominchao, junto al cerrito que los españoles le llamaron Santa Ana, se extiende la grande y hermosa urbe de Guayaquil, la Perla del Pacífico, orgullo del Ecuador, puerto fluvial con acceso al mar de Balboa. Todos los ecuatorianos nos sentimos con una inmensa deuda de gratitud, y obligados a testimoniar a Guayaquil nuestro sincero reconocimiento, porque en ella se han gestado acciones libertarias que han sido de enorme beneficio para la Patria.
En ella se han forjado las personalidades indiscutibles en el campo de las ciencias, artes, política, sociología, estadistas de gran renombre, como Rocafuerte, Olmedo, Carbo y esos próceres del 9 de Octubre de 1820, quienes sirvieron y sirven con inusitado patriotismo al Ecuador.
El guayaquileño luchó contra el pantano, derribó el manglar, rellenó los esteros, cruzó de puentes los accidentes que estorbaban la unificación de los núcleos primigenios, saneó el ambiente, venció la piratería, sobre los escombros de pavorosos incendios, levantó sólidas y magníficas construcciones que son signos de pujanza y esfuerzo del guayaco, forjado en el sufrimiento, pero jamás doblegado por el infortunio.
Así ha surgido esta ciudad, que hoy ocupa lugar honroso entre las metrópolis de América, por la belleza de su paisaje y por la magnificencia de las realizaciones humanas que le dan características inconfundibles, y que ha ido desde la transformación urbanística, hasta la participación de su pueblo en jornadas heroicas de la Historia Nacional y del Continente.
En este nuevo aniversario. de su fundación, anima a sus hijos un mayor progreso en vista del sorprendente crecimiento, se ha conformado la Junta Cívica para exigir mejor atención a sus múltiples problemas.
Guayaquil lucha por su progreso, porque su afán es encontrar un fin y objetivo que vaya en beneficio de todos sus habitantes. jGuayaquil cuna de presidentes de la República; crisol de grandes virtualidades nacionales; te saludamos con unción, deseándote días mejores.




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