Ingrid, libre

La enorme trascendencia del hecho es, sobre todo, humana.

Tras varios años de cruel cautiverio, que convirtió a sus víctimas en objeto de una inescrupulosa extorsión económica, política y militar, Ingrid Betancourt y otros 14 rehenes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), fueron rescatados el miércoles por el ejército de su país, sin disparar un solo tiro ni causar una sola víctima. De este modo, podrán volver a sus familias, rutinas y trabajos, pero, sobre todo, a su libertad.

Y lo harán sin que nadie, ni siquiera sus captores –o quienes actuaban como ejecutores de estos– hayan sufrido en su integridad. Por esto, la acción de rescate, precisa, impecable y sin parangón en la historia de nuestro hemisferio, fue una misión de vida; también, como expresó la propia excautiva, una misión de paz. Hoy los seres queridos de los antiguos rehenes, los colombianos y el mundo en general, respiramos más aliviados.

Y lo hacemos no solo por la dimensión humana de este estimulante episodio; también, porque tanto esta como el resto de sus implicaciones permiten abrigar aún mayores y bien fundadas esperanzas sobre el inminente colapso de las FARC y, por ende, sobre un mejor futuro de paz, democracia, progreso y estabilidad para Colombia. El rescate implica un golpe demoledor para el sangriento grupo narcoterrorista, que se suma a muchos sufridos durante los últimos meses.

En sus manos, Ingrid Betancourt, por su carácter de excandidata presidencial, doble nacionalidad (colombiana y francesa) y miembro de una de las más prominentes familias políticas de Colombia, tenía un altísimo valor extorsivo. Con él, muchas veces, las FARC intentaron doblegar la política de seguridad democrática del Gobierno colombiano y manipular a la comunidad internacional.

Algo parecido, aunque en menor medida, ocurría con sus tres rehenes estadounidenses, también liberados el miércoles. Y a los otros 12 cautivos, todos miembros del Ejército y de la Policía, los trataban de utilizar como parte de su lucha psicológica contra las fuerzas de seguridad.

Hoy han perdido esas valiosísimas herramientas y, con ellas, otra parte importante de su poder. Por su carácter de operación maestra de inteligencia y seguridad, el rescate ejemplifica, también, tanto la gran capacidad y eficacia de combate que han desarrollado las fuerzas armadas de Colombia, como las enormes debilidades y fisuras de la narcoguerrillas.

La Nación - Costa Rica


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