Coordinación institucional
En distintas ocasiones todos hemos escuchado las palabras ‘coordinación institucional’ y, en algunos casos, no precisamente como una característica que destaque en la gestión de nuestras entidades públicas. No en vano esta aparece frecuentemente señalada como uno de los problemas que tradicionalmente afectan la labor del Estado, tanto en el nivel nacional como en el nivel local.
Ya lo mencionaba el editorialista del pasado sábado 31 de mayo, al ubicar la falta de coordinación como uno de nuestros tumores burocráticos.
Las notas sobre la ausencia de coordinación entre el Conavi y el AyA ciertamente es un problema que atenta contra la celeridad en el desarrollo de proyectos necesarios para el país, pero también muestra una realidad que se repite una y otra vez, sin que hasta la fecha hayamos encontrado una respuesta para darle una solución.
El tema no es una novedad y, menos aún, se restringe al caso de ambas entidades, pues la verdad es que las dificultades en materia de coordinación institucional son patentes en otras áreas de la actividad estatal.
Así lo ha reflejado la Contraloría General de la República en sus diversas memorias, y lo reitera en la última, la del 2007, al indicar los problemas presentes en el manejo de residuos sólidos, en la planificación y control de la zona marítimo-terrestre, en materia de infraestructura y transporte, en la rectoría política y técnica del empleo público, por citar algunos ejemplos.
Parece que nos hemos acostumbrado a que la ausencia de coordinación sea parte de la gestión gubernamental y ya nos asombra tener noticias de ella, pues siempre es la misma historia. En mayor o menor medida todos estamos convencidos de la importancia de coordinar para mejorar la eficiencia y eficacia de las políticas públicas, no duplicar esfuerzos, crear economías de escala, entre otras muchas razones.
La pregunta central aquí es esta:
¿Qué hace tan difícil que las instituciones coordinen entre sí?
¿Por qué eso que es consustancial a la naturaleza de cualquier entidad pública termina por convertirse en una tarea titánica, al punto de que abunden comisiones de todos los tipos y jerarquías para tratar de mejorar la interacción entre instituciones estatales?
La respuesta no es sencilla. Coordinar requiere tiempo y esfuerzo.
No basta con la emisión de un decreto o una directriz ordenando coordinar o con la creación de una comisión para que dicha función ocurra automáticamente.
Marco V. Arroyo Flores




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