Bienestar sin empleo
Carlos Sojo
La calidad de vida en las sociedades contemporáneas depende de la forma en que garantizan la seguridad de sus ciudadanos respecto de los distintos riesgos que se nos presentan a lo largo de la vida.
En Occidente la idea del bienestar se ha relacionado con la forma en que el trabajo asalariado se convierte en la principal fuente de aseguramiento, no solamente ante los riesgos económicos, sino también en relación con las amenazas producto de la enfermedad, la incapacidad accidental, la inhabilitación para el trabajo y la muerte.
El trabajo asalariado, entonces, asegura a los individuos al proporcionar medios de vida sostenibles en la forma de ingreso estable y creciente, de seguros de salud y un régimen de pensiones para el futuro.
Más aún, el trabajo identifica a las personas, por ejemplo, como sujetos de crédito, de modo tal que es posible con la demostración del trabajo actual (por medio de un documento como la orden patronal) adquirir bienes duraderos que, de otro modo, no podrían obtenerse: casa, vehículos, educación superior, entre las inversiones más importantes que pueden hacer las familias.
Este conjunto de ventajas, asociadas al salario está hoy día afectado por dos fenómenos que dañan los mercados de trabajo y que pueden sintetizarse en una sola expresión: precarización laboral.
En el mundo desarrollado, la precarización se manifiesta como desempleo, que incluso empieza a ser permanente.
Para evitar que las personas caigan en situaciones de postración material y social a causa del desempleo, los sistemas de bienestar tienen que invertir fuertes sumas en seguros de desempleo y garantías de ingreso mínimo.
En los países que se encuentran en vías de desarrollo, el problema de la precarización se refiere a la ausencia sistemática de empleo formal, lo que no se refleja en tasas altas de desempleo, porque no hay seguros para compensar la ausencia de trabajo, sino en diversas modalidades de autoempleo informal, así como en las emigraciones laborales.
Este fenómeno de precarización laboral está en la base de los problemas de la exclusión social en los países ricos y la pobreza en nuestras sociedades.
Recordemos que la revuelta de los jóvenes en Francia eclosionó alrededor del “Contrato de Primer Empleo”, básicamente porque postergaba la adquisición de garantías salariales prácticamente por una década para los nuevos trabajadores.















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