Cien años de amor a la vida

(AChC).- Cumplir cien años de vida, para Guillermo Córdova Serrano, es una bendición de Dios a quien hay que rendirle cuentas “sean buenas y malas”- expresa- al tiempo que sugiere a los habitantes de Machala, quererla y colaborar con las autoridades para su progreso.
100 años “Soy parte del grupo de viejos machaleños “pájaros muertos” que todos los días nos sentamos en una de esas bancas regeneradas frente al Banco de Machala. Allí veo a mis amigos con quienes converso de todo”, expresa al inicio de un corto pero interesante diálogo de este machaleño que hoy cumple 100 años de vida.
Su fortaleza Su fuerte carácter, siempre ha sido el detalle que lo distingue en su numerosa familia, una virtud severa que la maneja desde su juventud, “pues siendo niño engreído, que todo lo tuvo, preferí a los 17 años deambular.

Me fui de mi casa porque mis padres querían que siga usando pantalones bombachos, yo quería usar largos !quería sentirme hombre! y al primer “Puerto” que llegué fue a Juárez de Baba”, recuerda.
Trató de estudiar, pero el hijo engreído de papá, siempre se oponía a las injusticias y como lobo herido se trenzaba a golpes con cualquiera incluyendo con sus profesores, “por eso es que de las escuelas y colegios me botaron, del José Amando Ugarte, del 9 de Mayo y del Nueve de Octubre.
He sido hasta perjuro, no por atentar contra Dios ni sobornar a nadie, sino para hacer el bien a otras personas”, confiesa. En Baba, provincia de Los Rios hizo parte de su vida en medio del trabajo, amistad de mucha gente hasta cuando cumplió 28 años que luchó políticamente contra el gobierno de turno y lograr la cantonización de Ventanas (Provincia Los Ríos).
En medio de esas andanzas, hizo la de trotamundo y recuerda que viajó a Tumbes llevado por un amigo que se dedicó a jugar “pinta” con los peruanos perdiendo todo el dinero.
“Para sobrevivir tuve que comprar una sandia, piña, banano y elaborar el refresco conocido como “comibebe”; mucho tiempo tuve que hacer esta bebida y caminaba hasta que en cierta oportunidad conocí a un amigo que jugando en la gallera ganó y me regaló 500 dólares”, añade.
De regreso a Ecuador recibió una carta de su madre Isabel, que le decía: “hijo errante, regresa a tu casa”; manifiesta Guillermo Córdova, que eso le impactó y cuando tenía 35 años de edad regresó a Machala.
Aquí se encontró con que su padre Adolfo Fernando de Córdova, que fue dueño de la Hacienda Buenavista, “ que era un hombre muy rico en dinero que por jugar naipes, “la pinta”, se quedó pobre; pero he seguido luchando por mi bienestar y por mi familia a la que adoro mucho”, señaló.
Guillermo Córdova Serrano, en 1951 en una fiesta por la cantonización en Vinces, conoció a su esposa Mercedes; ella afirma que “tiene un carácter de ají gallinazo, pero es respetuoso.
Soy la única que lo soporta y soy feliz a su lado”, explica la dama con quien comparte su residencia en la Ciudadela Las Brisas.
El centenario ciudadano con voz firme, que jamás deja de llevar sobre su cabeza el sombrero de paja toquilla y que tiene una memoria de hombre de 50 años, tiene mucha historia de su vida y de la ciudad que contar haciéndolo con toda lucidez; muchas anécdotas cuenta que le han ocurrido en estos 100 años de vida.
Le gusta recordar a sus amigos aunque con tristeza se refiere a Don Juvenal Franco, “mi secretario cuando fui Intendente General de Policía de El Oro”, anota.
A Guillermo Córdova Serrano, el peso de sus años le ha afectado sus huesos, por ello todos los días visita la Sala de Rehabilitación física del hospital provincial de Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, para las sesiones, lugar donde otros afiliados también le cuentan sus vidas.















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