La obesidad estaría ligada a mayor riesgo de cáncer de páncreas
Una nueva investigación sugirió que la obesidad aumentaría el riesgo de los adultos mayores de desarrollar cáncer pancreático, una de las formas más letales de la enfermedad tumoral.
El estudio, realizado por investigadores del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, reveló que los hombres y mujeres muy obesos eran un 45 por ciento más propensos que los adultos de peso normal a padecer cáncer de páncreas en un período de cinco años.
La obesidad abdominal, en particular, estuvo relacionada con un peligro mayor de desarrollar estos tumores entre las mujeres, informaron los expertos en American Journal of Epidemiology.
El cáncer de páncreas es difícil de detectar de manera temprana y el 95 por ciento de los pacientes muere dentro de los cinco años de diagnosticada la condición. Debido a este problema de detección, los investigadores consideran muy importante identifi car los factores de riesgo de la enfermedad.
Fumar es uno de ellos.
Algunos estudios también indican que la obesidad y la inactividad física contribuyen al desarrollo del cáncer de páncreas, posiblemente por su relación con la diabetes tipo
2. Cuando una persona sufre diabetes tipo 2, su cuerpo pierde la sensibilidad a la insulina, que es la hormona reguladora del azúcar en la sangre producida por el páncreas.
Esta falla genera niveles constantemente altos de insulina en el organismo, lo que se cree que podría impulsar la formación y crecimiento de células pancreáticas tumorales. En el nuevo estudio, la relación entre la obesidad y el cáncer de páncreas se debilitaba un poco cuando los expertos tenían en cuenta la diabetes.
Esto sugiere que la diabetes es uno de los motivos por los cuales la obesidad está vinculada con el cáncer pancreático, según los investigadores dirigidos por la doctora Rachael Stolzenberg-Solomon.
“Nuestros resultados tendrían importantes consecuencias para la prevención del cáncer, sobre todo el asociado a la obesidad”, escribieron los autores.
Los hallazgos se basaron en información de más de 300.000 adultos estadounidenses que no presentaban cáncer y que tenían entre 50 y 71 años al inicio de la investigación.














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