¿Estructural o coyuntural?
Eddie Rodríguez B.
La crisis que afecta profundamente al Estado Ecuatoriano, se encuentra presente en todas las latitudes de la patria, en particular en nuestra provincia, que de un tiempo atrás presenta síntomas alarmantes de una corrupción que se refleja en todos los niveles del organismo social, sin que se efectúe una reflexión con la mea culpa incluida y se considere a los síntomas gravísimos como consecuencia directa de que nuestra sociedad está auto- destruyéndose por mantener la fórmula irresponsable, “de dejar hacer y dejar pasar” ya que nadie tiene culpa de nada porque todos estamos comprometidos con la ilegalidad.
Todo lo anterior se ha visto agravado por la apertura fronteriza al ingreso de cualquier ciudadano extranjero, a los que nunca se les solicita record policial para conocer sus antecedentes penales y encima se les concede permiso para laborar por tiempo indefinido, mientras en los países vecinos no existe ningún tipo de reciprocidad con nuestras connacionales.
Por ello, no es ninguna novedad que los carteles mafiosos hayan convertido a nuestra provincia, en laboratorio de sus prácticas delictivas, donde el lavado de narcodólares devaluados, forma par- principal de las operaciones bancarias, así como la adquisición de bienes de todo tipo.
En cierta ocasión tuve la oportunidad de escuchar la comparación que se hacía entre Machala y Macondo, por causa de una realidad que supera a la ficción y nuestra capital provincial se está convirtiendo en fuente originaria de los casos más riplescos que se producen en el país. Los últimos casos de ripley que se han producido en El Oro, tienen que ver con el “síndrome Cabrera”, la versión ecuatoriana del rey Midas, que con su ilícito de piramidar los beneficios financieros a más de 30 o 50.000 usuarios de todo el país, entregándoles ganacias del 10% mensual, atrajo la participación de todos los estamentos de la sociedad nacional, sin que finalmente se encuentren culpables en más de 15 años de actividades fraudulentas.
El Oro, desde hace más de 30 años es el tránsito obligado de clorhidrato de cocaína, que llega desde los valles peruanos, transitan por las caletas tumbesinas, el archipiélago de Jambelí, siguen la ruta de Montesinos hacia el archipiélago de Galápagos, donde yates lujosos que aparentan realizar turismo llevan la droga hacia Miami, sin que al menos en nuestra provincia se detecten a los capos o barones de la droga, que en los actuales momentos mantienen el nivel socio-económico orense, después del banano, camarón y minerales.
¡Nadie conoce ni sabe nada de la principal generadora de divisas en el sur del país!. Tampoco podemos ignorar la crisis universitaria que es producto de errores estructurales, que se arrastran desde más de tres décadas y que continúan campantes y sin visos de solución.
En esta última crisis, la UTM demostró que no está preparada, a pesar de su autonomía, para resolver problemas internos.
La participación de la partidocracia y de sectores que desconocen la problemática universitaria, destruyó el principio de autoridad y solo preparó el terreno para nuevas huelgas y paros, cuyo costo de 100.000 dólares diarios de ninguna manera cuantifican el desprestigio académico, los valores éticos y morales, que son el sustento fundamental de las universidades. Considero, que si nuestra colectividad, se ha acostumbrado a resolver las infracciones legales, la ruptura de los principios constitucionales, las leyes y reglamentos, cerrando los ojos a la corrupción, vamos a convertir a nuestra provincia en una selva de cemento regenerada donde el uso de la fuerza, de las presiones intransigentes y del dinero mal habido, se constituirán en los artificios más solicitados de la sociedad de consumo, donde la prostitución social será elevada a la máxima expresión y repetiremos como Aureliano Babilonia,” que las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”.















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